sábado, 3 de septiembre de 2011

EL PENSAMIENTO NEGATIVO Y SU PODER EN LA PAREJA


Cuando uno se enamora, existe una especie de idealización fantástica hacia el otro. No hay cabida para atribuirle rasgos negativos a la pareja. Es más, si se produce un enfado, la idealización se mantiene y se sigue exacerbando la adulación hacia el ser amado. Pero más tarde, cuando se instaura una nueva etapa en la relación, la del amor, las cosas cambian. Se da la aceptación del otro, con todo lo que ello conlleva (sus defectos y sus virtudes) y se vive con esa interacción mutua entre lo que más nos agrada y lo que más detestamos pero ¿qué ocurre cuando la pareja no reacciona como nosotros esperamos? ¿qué pasa cuando ponemos unas expectativas determinadas en la conducta del otro? A menudo se instaura la frustración y de una manera automática y desde nuestro propio sistema de creencias atribuimos rasgos negativos al otro.



 Para interpretar la conducta del compañero, solemos basarnos en una serie de características tales como gestos, tono de voz, la expresión facial... y esas características serán las que utilicemos para crear nuestra idea de la situación. De esta manera, nuestro enfado viene dado por la INTERPRETACIÓN que le asignamos a aquella reacción.  Entonces actuamos según nuestras propias Interpretaciones y atacamos al otro sin darnos cuenta de que estamos atacando la idea que hemos creado. Como consecuencia es posible que entremos en un bucle de reproches mutuos y que incluso lleguemos a alejar al otro con nuestras subjetivas atribuciones de la situación.

Lo curioso es que cuando estamos heridos retroalimentamos nuestro enfado y entramos en varios errores cognitivos muy comunes tales como atribuir al otro en su totalidad no una manera de estar o reaccionar sino una manera de ser. Por ejemplo, si nos enfadamos con nuestra pareja y pensamos "siempre hace lo mismo, nunca me entiende" no estamos pensando que en aquella situación concreta no me entiende sino que utilizamos el adverbio NUNCA, maximizando de esta manera la manera de actuar del otro en su totalidad.
 Otra "distorsión cognitiva" frecuente citada por Aaron T. Beck (1962) en su desarrollo de la Terapia Cognitiva es la llamada "Adivinación del pensamiento" donde hace hincapié a la tendencia de muchas parejas a adivinar lo que el otro está pensando y sintiendo. De esta manera si uno observa que su pareja está por ejemplo más callada de lo habitual puede atribuir a ese silencio concluiones erróneas. "Esta callado/a porque quiere dejarme". Esta serie de distorsiones puede llevar a sacar concluiones equivocadas al anticipar algo inexacto que solo existe en nuestra mente. Por consuguiente, las consecuencias no solo afectan a ese miembro de la pareja en forma de sabotaje sino que también afectan al cónyuge y a la relación en si. Tal y como nos dice este autor esta y otras muchas "distorsiones cognitivas" son las que a menudo deterioran una relación pero en su experiencia, con mucha práctica clínica  nos demuestra que se pueden modificar estos errores en nuestra manera de pensar  y que podemos llegar a tener una relación más enriquecedora.
Recomiendo su lectura.


FUENTE: 'Con el amor no basta', Aaron T. Beck, 1988 (Paidós)

2 comentarios:

  1. No entendi todo, no conosco muchas cosas de la psicolagia , de la vida , de la pareja , y sobre todo de las "distorsiones cognitivas", pero lo que yo se es que hay que conocerse y amarse antes de amar ademas personas !
    Friki from Paris.

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  2. Hola Nuria!
    Me ha gustado mucho el artículo, yo creo que las distorsiones cognitivas y las interpretaciones se producen en la pareja pero también en la familia y son la mayor fuente de conflictos y disputas.
    Nosotros esperamos e interpretamos de los otros pero los otros también de nosotros, así que la única manera de salir de este lío es la comunicación.
    Hablar de qué espero, qué interpreto con ese comportamiento, y que significa para mi eso.

    Cada persona tiene unas gafas diferentes para mirar el mundo y sólo tenemos que intercambiarlas y probarnos las del otro.

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