sábado, 8 de octubre de 2011

DISONANCIA COGNITIVA; ¿NOS ENGAÑAMOS A NOSOTROS MISMOS?

                         


“no pasa nada porque fume un poco, ya lo dejaré más adelante, además ese amigo de mi madre  tan mayor ha fumado toda la vida y no le ha pasado nada. Ya lo dicen, todos los médicos fuman, así que si fuera tan malo no lo harían”

“creo que el vecino pega a su mujer, oigo gritos pero bueno, no debe ser algo malo (a pesar de que oigo gritos), ya que todos los matrimonios se pelean”

“debería haber ido al gimnasio, pero claro, es que hoy ha sido un día muy duro en la oficina y además me dolía un poco la espalda, así que mejor no haber ido, iré mañana

¿Qué tienen en común estas tres reflexiones? ¿Por qué siendo tan distintas en todas hay una tendencia a buscar una explicación convincente para nosotros? ¿Realmente nos sentimos bien haciendo algo que no concuerda con lo que creemos?  Este tipo de justificaciones en nuestra mente se dan a menudo en el individuo y cuando esto sucede se entra en disonancia cognitiva.


Leon  Festinger, utilizó este concepto por primera vez en 1957 en su obra “A theory of cognitive dissonance” para describir la tensión interna que se produce  en el  sistema de creencias cuando una persona mantiene al mismo tiempo dos pensamientos que entran en conflicto o un comportamiento que no concuerda con sus ideas. Al producirse esta incongruencia (disonancia) el individuo se esfuerza en crear creencias nuevas y reducir de esta manera la tensión hasta formar una coherencia interna. En resumen; sentimos tanta incomodidad cuando lo que pensamos (creencias) no está en armonía con lo que hacemos que necesitamos reinventar nuestras creencias. Es un modo de justificarnos con nosotros mismos porque de alguna manera no soportamos sentirnos incoherentes internamente.

En el primer ejemplo, el del tabaco, la persona sabe que fumar es malo pues no le faltan informaciones al respecto, pero el individuo para sentirse mejor, al estar haciendo un acto que va contra sus creencias  busca justificaciones que confirmen que aquello que hace no es tan perjudicial y que por tanto puede seguir haciendo sin culpa.

En el segundo ejemplo, en el que se da un acto moral, el sujeto necesita de la misma manera reducir la tensión en si mismo. El vecino  sabe que el marido de la vecina le pega y probablemente es tan insoportable no actuar de acuerdo a lo que piensas que vuelves a necesitar una justificación para liberar esa disonancia interna.

Finalmente, el caso del gimnasio, que tiene que ver más con una cuestión de obligación, pasa por el mismo proceso que los dos anteriores. Objetivo; justificar nuestro acto de no haber hecho aquello que nos habíamos propuesto.En este caso,  ir al gimnasio.

 Más ejemplos de disonancia cognitiva estarían en la toma de decisiones o cuando deseamos obtener algo que no está a nuestro alcance. En el primer, caso si en la decisión tomada obtenemos un fracaso, justificaremos éste para no sentirnos incongruentes, todo y  que estábamos indecisos por obtener lo otro. En el segundo caso, es probable que critiquemos aquello que tanto deseábamos quitándole valor.

Es una teoría curiosa, interesante, sobre el modo en el que procesamos nuestros pensamientos en busca de la  satisfacción.  No soportamos ser incoherentes con nosotros mismos. Podemos engañar al otro pero nos cuesta aceptar que nos engañamos a nosotros mismos. Engañarnos… ¿Nos engañarnos a nosotros mismos…?


Bibliografía y Fuentes

Festinger, L (1957)  A theory of cognitive dissonance. Stanford, CA Stanford University Press.

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