jueves, 20 de octubre de 2011

¿QUIERES UN CONSEJO?


El otro día, una gran amiga en estado de buena esperanza me comentaba la cantidad de consejos que recibe a diario de gente, tanto allegada como desconocida; “te aconsejo que cuando nazca el bebé”…, “te aconsejo que cuando des a luz…”, “te aconsejo que te mentalices de…” y así un sinfín de consejos no solicitados contradictorios y a mi modo de entender, muchas veces intrusivos. Esta, no es una situación extraña. Solemos recibir consejos por activa y por pasiva muy a menudo, sean éstos o no demandados. Solo hace falta mirar los titulares de una revista cuando haces cola para pagar el periódico; “diez consejos para ser más feliz” “diez consejos para adelgazar”, “diez consejos para recuperar el amor…” Y ya no digamos cuando estamos tomando un café con  un buen amigo y al contarle nuestras penas e indecisiones sobre temas que nos preocupan con la intención de que el otro solo nos escuche, de repente, con la mejor de sus intenciones nos dice ¿Quieres un consejo..?


Consejos, consejos, consejos…bien, la pregunta es ¿Por qué necesitamos dar tantos consejos y más cuando no son solicitados? ¿Por qué gente que no te conoce es capaz de acercarse a ti por ejemplo en la parada del autobús y decirte “no fumes, que es malo, te aconsejo que lo dejes”?  ¿Por qué al buscar un abrazo nos encontramos con clases magistrales sobre las verdades de la vida?

En primer lugar podríamos clasificar los consejos en dos tipos.

a)      los solicitados; cuando pedimos opinión a alguien, estamos buscando un asesoramiento particular ante algo que no acabamos de ver claro por nosotros mismos, que no sabemos o que necesitamos reforzar. Es un tema que tendría que ver con la toma de decisiones, la resolución de problemas,  la inseguridad o el desconocimiento. Es muy lícito buscar la opinión de otros y lo hacemos deliberadamente desde nuestra elección y responsabilidad. Ahora bien, en esta responsabilidad jugamos con una moneda de doble cara ya que no siempre nos agrada lo que nos aconsejan los demás y es precisamente en esa responsabilidad, que tenemos como personas que libremente escogemos, donde radica sopesar lo que más nos interese.

b)       los no solicitados; dentro de este tipo de consejos se dan principalmente dos motivos fundamentales que llevan a una persona a proporcionar consejos sin previo consentimiento del asesorado. Más que dividir los consejos no solicitados en personas conocidas o desconocidas, considero más interesante abordarlo desde la necesidad que como personas (sean o no amigos) nos mueve a realizar tal acción. Estos dos motivos son;

 b.1) En primer lugar el deseo de ayuda. Existe, una condición altruista en el individuo que impulsa a querer ayudar al otro, bien porque lo hemos aprendido de nuestra experiencia, bien porque no nos gusta ver sufrir a los que amamos, o bien porque no nos gusta ver que los demás pueden caer en errores, para nosotros evidentes. Todo y queriendo ayudar, es un terreno peligroso. Imaginemos por ejemplo un amigo con una mala relación de pareja, en la que vemos que sufre, que llora o que se destruye o un amigo que se mete en un mal negocio. Casi sin pensar y de una manera a veces automática, nos permitimos la licencia de opinar y aconsejar sin que el otro no solo no nos lo haya pedido sino que probablemente tampoco quiera escucharlo.

b.2) La otra razón importante para dar consejos no solicitados tiene que ver con el Ego. Y es que el Ego, necesita de una validación externa para sobrevivir. Cuando se dan consejos no solicitados estamos validando nuestro propio punto de vista. Este tipo de asesoramiento suele darse sobretodo en personas que todavía no conocemos muy bien  y en la que hay la necesidad de demostrar que “se está en lo cierto”  y que lo que tú dices es muy importante. También puede existir la necesidad de ser  necesario y de querer demostrar que los demás te necesitan.

Más allá de nuestras buenas  intenciones de ayuda o de que nuestra sabiduría quiera  ser reforzada, pensemos en la utilidad que tiene el asesoramiento gratuito ¿realmente ayuda? A mi modo de entender y según mi experiencia como profesional, hay diferentes factores que se decantan más hacia el uso negativo de este tipo de práctica

  • Muchos amigos no quieren consejo, solo quieren apoyo emocional. Si lo quieren lo piden.
  • La gente necesita aprender de sus propios errores y de sus propias experiencias, no siendo válidas a menudo las experiencias de los demás.
  • Puede llegar a considerarse una falta de respeto e intrusión
  • Pueden generar desconfianza y rebeldía

Evidentemente no todo son consecuencias negativas en los consejos no demandados pero la mayor parte de la gente no los quiere, no los acepta. En resumen; no suelen ser bienvenidos.

Finalmente y para concluir, decir que  los consejos no cesan pues después de haberlos o no pedido nos queda oír la frase de “ya te lo decía yo…”  Me parece un tema de reflexión importante que he intentado transmitir desde mi propia experiencia con la gente que sentada frente a mi te pregunta ¿Qué hago? A lo que a mi me gusta responder; ¿Qué crees tú que debes  hacer?

2 comentarios:

  1. CONSEJO NO PEDIDO ES COMO EL ANALISIS FUERA DEL DIVAN,UNA AGRESION

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  2. Uno de los mejores consejos recibidos ha sido: "sigue tu propia intuición, escúchate, confía en tí".

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