miércoles, 30 de noviembre de 2011

ALTRUISMO; ¿ACCIÓN DESINTERESADA?


 El Altruismo, (del francés; “altrui”, significa “de los otros”) es definido según la Real Academia Española como; “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio” Esto es; una atención desinteresada por otro u otros, expresada en conducta de ayuda. Ahora bien, desde el punto de vista psicológico ¿es realmente una atención desinteresada? ¿No nos reporta ningún tipo de beneficio ayudar a los demás? ¿Qué motivos tiene la gente para beneficiar a otros?


Este ha sido uno de los grandes estudios en Psicología social; determinar las causas por las que un individuo ayuda a otro. Desde esta disciplina se encuentran tres puntos importantes como fuente de motivación hacia la conducta de ayuda. Veamos:

Mecanismos de refuerzo positivo y aversivo; este punto esta muy relacionado con el aprendizaje y el refuerzo. Cuando una persona ha ayudado y ha obtenido resultados positivos, esa conducta queda reforzada, por lo que en futuras situaciones de ayuda, volverá a repetir dicha conducta. Del mismo modo, el refuerzo aversivo o castigo (obtener consecuencias negativas) hará que en situaciones similares se tenga menos tendencia a procurar por el bien ajeno. El “aprendizaje social” (Bandura) que consiste en haber aprendido a ayudar tras haber observado que otros lo hacían y que tenían consecuencias positivas ante esa acción, también es uno de los motivos por los cuales un individuo tiene tendencia a socorrer a otro/s. Podemos concluir entonces que el castigo, al producir un estado emocional negativo, será incompatible con la tendencia de ayuda, mientras que el refuerzo positivo será un punto a favor.

Factores emocionales; Cuando vemos a alguien en apuros se produce una activación emocional determinada pero la determinación de esa emoción será la atribución que nosotros hagamos de ese problema, o sea la conducta de ayuda se verá influida por la evaluación que nosotros hagamos de esa situación concreta. Dicho de otro modo; las atribuciones influyen en las emociones  (véase la entrada ¿Ayudamos a los demás cuando necesitan auxilio? ) Según Weiner (1980), citado por F. Morales y comp. En el libro “Psicología Social” “si atribuimos el problema del otro a causas ajenas a su voluntad, su sufrimiento nos producirá una emoción positiva  hacia él (empatía) que nos impulsará a la ayuda pero si le consideramos responsable de su comportamiento sentiremos una emoción negativa (desprecio) que nos disminuirá la motivación para ayudar”  Sin embargo,  y tal y como postularon Cialdini, Kenrick y Bauman, (1982)  en su “modelo de alivio del estado negativo”   hay otro tipo de emoción negativa que nos dirige a ser solidarios y esta es la culpa.   Se da cuando nos sentimos culpables hacia alguien, con el objetivo de restaurar nuestra imagen, así como conseguir nuestro propio alivio. Otro modelo interesante es el propuesto por Piliavin; “la  activación coste - recompensa”  y el cual postula por una parte, que al ver el sufrimiento del otro se activa una reacción empática  en la que observamos una emoción desagradable para el otro  y esto nos motiva a reducirla. En segundo lugar hacemos una evaluación de los costes y recompensas y tendemos a realizar la acción según las recompensas.


Estos dos modelos serían descritos desde una visión egoísta del individuo, donde se postula que la gente ayuda para liberarse de un estado emocional desagradable, para evitar un castigo u obtener recompensas personales, sin embargo; esto se contradice con las aportaciones de Batson, 1991, quien  argumentó que  la propia motivación altruista conlleva implícita sentimientos de empatía y donde defendió el modelo de “empatia-altruismo” (una persona que necesita ayuda activa una emoción empática en nosotros que hace que sea reducida no para aliviarnos a nosotros sino para reducir  el dolor del otro). Se han hecho varios estudios al respecto indicando que la motivación egoísta no es la única que guía nuestra conducta a la hora de beneficiar a otros. Los estudios también han apuntado que tendemos más a ayudar a familiares y amigos que aquellos a quienes no conocemos.


Normas personales y sociales;

Aquí nos centramos en las normas establecidas en una cultura y o sociedad y que nos impulsan a  actuar de cierta manera. Reglas implícitas que pasan de generación en generación  mediante un proceso socializador (leyendas, cuentos, parábolas) .Las normas guían la conducta e indican lo que la gente debe hacer y lo que se espera de ellos. Por otra parte, las  normas de obligación moral o personales (Schwartz y Howard, 1984) serán también de gran influencia a la hora de hacer el bien. La gente, bajo sus criterios morales decide cuándo y cómo debe ayudar, haciendo que los motivos entre unos y otros sean distintos. Si cada uno de nosotros consideramos apropiado socorrer en una situación concreta y no lo hacemos, al estar en desacuerdo con nuestros pensamientos y  con nuestra responsabilidad social nos sentiremos mal, por lo tanto tenderemos a reducir esta sensación con una conducta solidaria.

En resumen; son varios los motivos por los que las personas deciden satisfacer a los demás de manera desinteresada. ¿Egoísmo oculto? Tal vez, pero creo que lo importante aquí  radica en la acción; ayudar a otros aporta  emociones positivas  para ambos y solo por eso ya resulta beneficioso. Vivimos en sociedad, no estamos solos y del compartir, dar y recibir, nos nutrimos todos.

“Darle a alguien todo tu amor nunca es seguro de que amarán de regreso, pero no esperes que te amen de regreso, solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona, pero si no crece, sé feliz porque creció en el tuyo”
Madre Teresa de Calcuta.


Bibliografía
Psicología Social (1999) J.F.Morales., C.Huici., M.Moya., E.Gaviria., M. López- Sáez. Mc GRAW-HILL.

1 comentario:

  1. ¡Genial entrada, Núria! A mi gusto, bien clara e informativa. Un saludo!

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