martes, 20 de diciembre de 2011

NECESIDAD EMOCIONAL, PARTE II.


María llega triste y  apática. Con inconformismo relata; “me siento muy sola, no tengo ninguna emoción y es todo tan  aburrido... Tengo ganas de volverme a enamorar, necesito sentir cosas y conocer a alguien interesante…” en el aire se percibe una cierta ansiedad que necesita aliviar de alguna manera. Prosigue- “¡es tan bonito estar con alguien que te gusta! Y yo no tengo nada de eso…necesito animarme y sé que lo haré cuando aparezca alguien que me gusta…”

Carlos llega dudoso. Es un chico guapo, con aspecto cuidado. Comenta que siempre fracasa en sus relaciones. Normalmente al inicio, cuando está conociendo a una chica. Está inquieto y preocupado y afirma que si no descubre en qué está fallando se quedará solo. “Aparentemente, parece que le gusto a una chica, pero a las pocas citas, ya no quiere verme más y siempre me quedo con la duda de saber qué es lo que hago mal”

¿Tienen algo en común estas situaciones? Ambas parecen ser momentos por los que pasa una persona en un momento determinado de la vida. Estar solo, querer amar, necesitar compañía…y preguntarse qué sucede cuando tras el intento de acercarse a alguien no se da una correspondencia. Si bien cada una de estas situaciones es diferente, comparten algo inconsciente que queda patente en el ambiente y es la necesidad emocional. Mientras María basa su existencia en la necesidad de amar a alguien, Carlos ahuyenta a las que podrían ser sus parejas por la misma necesidad.


Parece extraño y casi imperceptible pero la realidad es que transmitimos nuestros deseos y pensamientos más fácilmente de lo que creemos. Carlos necesita tener pareja y esto mismo es probablemente lo que hace que ellas dejen de querer seguir conociéndolo. De alguna manera, sus ansias asustan a quien las percibe y antes de que él se de cuenta, sus pretendientas han marchado atemorizadas. María transmite el tedio y el aburrimiento de su vida porque cree que amar a alguien es primordial para sonreír. Casi, casi una necesidad escondida que hace de ella, alguien pequeña si un hombre no la llama.

NECESIDAD EMOCIONAL

Tal y como comentaba en la parte I de este capítulo, todos los seres humanos tenemos necesidades. Vimos como Maslow (1943) dibujó una escala jerárquica para definir cuáles son las necesidades que siente el individuo. Ahora bien, cuando estamos casi completos y hemos cubierto más de lo que necesitamos, a veces nos sentimos vacíos y nos conmueve un impulso ciego para calmar nuestras ansiedades. Ya comentamos que una de estas necesidades quedaba cubierta con la necesidad material (compramos y  adquirimos, para quizás tapar huecos que están muy tristes) pero hay otra parte muy importante por la cual muchas personas sufren sin entender el porqué y es la parte más emocional. Como seres sociales, evidentemente tenemos la necesidad de afiliación y de intimidad entre otras pero ¿qué pasa cuando esta necesidad se hace dueña y hacemos de ella la base  de nuestro día a día? En primer lugar y sin darnos cuenta, la transmitiremos, cosa bastante perjudicial para nosotros porque  quien la  recibe la rechazará también de manera inconsciente. En segundo lugar, nos hará sentirnos mal, primero por no entender y segundo porque haremos de esa necesidad algo tan importante para respirar.

El otro día, alguien me decía  “la gente no quiere estar sola, no le gusta, busca desesperadamente aparejarse aún sin estar enamorado/a y sabiendo que tal vez eso no tenga futuro” Por suerte, no siempre es así pero sí que hay un porcentaje elevado de personas que la necesidad de afiliación la convierten en necesidad de vida. Por supuesto que detrás de ello, hay toda una historia de carencias, de inseguridad y de miedos. ¿Es malo querer amar? ¡Desde luego que no! Pero cuando lo que manda es la necesidad y no el deseo, no solo juega malas pasadas sino que también oculta otras cosas. Esto es; los verdaderos motivos por los que a ciegas podemos buscar la proximidad e intimidad de los otros.

Cabe decir, como siempre, que cada individuo es único y cada cual compuesto de su propia historia personal pero resulta curioso como sucede a veces un fenómeno convertido en masa. ¿Tememos la soledad? Variará en función de cada situación pero es común que el individuo se olvide a menudo que como ser único debe estar primero solo con uno mismo. Solo de esta manera, sin necesidad, es capaz de compartir con otro con plena satisfacción. Nuestras carencias son solo nuestras y solemos errar en pensar que alguien nos las quitará.

María dice; “¡es tan bonito estar con alguien que te gusta!  A lo que yo matizo; ¡desde luego! pero no porque uno esté aburrido y necesite que otro/a le haga compañía, sino porque esa persona aporta y complementa aspectos en nuestra vida, primero nuestra. Este es un tema que me resulta especialmente interesante porque en él quedan ocultos muchos aspectos de la personalidad de uno, carentes de introspección.

Para concluir y a modo de reflexión me gustaría dejar en el aire esta famosa cita; “no te quiero por lo que tú eres, sino por lo que soy cuando estoy contigo”  pensando en María me asaltan dudas;  ¿estará deseando quererse más a ella misma cuando encuentre a alguien a quien amar? ¿Solo de esta manera (amando a otro) encontraremos su sonrisa y no porque el otro “sea” sino porque así ella será “alguien”? Ahí lo dejo. A mi entender, queda ver qué escondemos detrás de nuestras necesidades emocionales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario