miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿PIENSO ADECUADAMENTE?; "NO TENGO TIEMPO"




Desde hace aproximadamente  poco más de una década surgió el boom del culto al cuerpo. Multitud de gimnasios hacían propagandas exitosas para atraer el cuidado corporal. Junto a ello y de una manera casi consecuente se promocionaban los beneficios que esta práctica conlleva para la salud, tanto a nivel físico como a nivel  mental y desde entonces disponemos de multitud de centros para realizar prácticas  saludables y  relajantes.


Ahora bien, sin sacar mérito a la multitud de ventajas que aporta tanto  el deporte como las sesiones de relax  a nuestras vidas, ¿nos cuidamos realmente la mente? ¿Sabemos pensar? Quizás resulte una cuestión banal pero me parece de suma importancia dedicar un post a este tema, tan vital como respirar. ¿Por qué? Porque lejos de dedicar unas horas a cuidar nuestro físico o a dedicar un tiempo de relajación a nuestra mente es importante detenerse a pensar qué hacemos con ella. ¿Cómo la tratamos? ¿Nos perjudicamos a nosotros mismos, pensando mal o de una manera que nos hace daño?

La mayoría de gente que acude a consulta es por problemas relacionados con el estrés, la ansiedad, la apatía, la tristeza…y  no es sorprendente que en un alto grado de este porcentaje la persona responda con un “pienso y pienso y pienso que…” ante situaciones cotidianas que le desbordan. A lo que yo me pregunto; ¿Entre tanto pensar se piensa bien?  En nuestros días; entramos, salimos, corremos mientras pensamos y nos exigimos pero pocas veces nos detenemos a pensar qué nos estamos diciendo a nosotros mismos y cómo, de qué manera.

 Por poner un ejemplo; nos hemos hecho daño en el hombro trabajando y el médico nos otorga la baja un par de días pero ¡horror! Eso es imposible. Es imposible hacer caso a ese mensaje porque debemos trabajar muchas horas o porque “no podemos permitirnos” faltar al trabajo y descansar adecuadamente ese hombro. La pregunta es ¿Qué y qué no nos permitimos? Bajo exigencias enmascaradas, solemos pasar por alto cuales son nuestras necesidades. Y así un montón de argumentos fallidos se esconden hasta que explotan (para algunos, como por arte de magia)

Una relación que nos atormenta, un trabajo que nos exige sin límites, una decisión que nos da miedo…todo eso está ahí y nosotros ¿cómo lo gestionamos? Pues la mayoría de veces pensando inadecuadamente  y consecuentemente actuando de manera perjudicial. Por supuesto, en un momento como el actual, en el que las cosas no están bien para muchos, las soluciones no son fáciles pero tal vez si reparáramos en las herramientas de las que disponemos, pensando adecuadamente acerca de ellas, podríamos darle una oportunidad menos exigente a nuestra cabeza y por consiguiente a todo nuestro ser.

Pienso, que es esencial otorgar diariamente unos minutos en reflexionar acerca de cómo solemos abordar los pensamientos. Seguramente, alguno diría; “no tengo tiempo” y ese es precisamente el problema, no dedicar ese valioso tiempo a una de las partes más importantes de nuestra propia vida. Seguramente, si lo hiciéramos con mayor asiduidad muchos problemas como el estrés y la ansiedad no se darían con tanta frecuencia.

Cada día, respire profundamente, dedique un rato a ese espacio que molesta y piense cómo lo está abordando. Escríbalo, cuénteselo a un buen amigo, sáquelo de usted y mírelo con perspectiva, con cariño y sin prisa. No lo flagele, puede darle muchos mimos. Somos humanos y como tal tenemos derecho a sentirnos mal pero pocas veces nos otorgamos esa sensación. Aunque algo cueste, aunque algo duela, dése permiso para ser humano, para escucharse, atenderse y en definitiva; cuidarse.

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