viernes, 2 de diciembre de 2011

¿QUIÉN SOY? CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD PERSONAL


Me resulta especialmente interesante la capacidad que tenemos los seres humanos para reconocernos a nosotros mismos como individuos únicos. Desde muy pronto, en nuestro desarrollo buscamos explicaciones a las preguntas ¿Quién soy? ¿Cómo soy? Y tras nuestra propia visión desarrollamos una de las cosas más importantes de nuestra vida; la autoestima y con la cual nos enfrentamos a todos los acontecimientos de la vida.


Más que hablar del extenso término “autoestima”, me gustaría explicar cómo sucede ese desarrollo, que se inicia en el autoconcepto y que de ahí se va forjando nuestra identidad personal. Sabemos cuál es nuestro nombre y con él nos identificamos pero esto queda lejos de saber que quienes somos realmente. A pesar, y tal y como veremos, que desde nuestra infancia vamos desarrollando nuestra identidad propia no parece raro a ciertas edades escuchar cosas como; “no sé quien soy”, “no puedo creer cómo puedo ser así, ¡¡he cambiado tanto!!” “tengo crisis de identidad”…

El autoconcepto, “es el conjunto de características (físicas, intelectuales, afectivas, sociales, etc.) que conforman la imagen que uno tiene de sí mismo” (P.H Ybarra, P.S García) no permanece estático sino que se va desarrollando con la intervención de factores cognitivos y con la interacción social del entorno. Una de las bases del autoconcepto es la autoconsciencia. Esto es; quién soy y cómo soy y como me diferencio del entorno.

El bebé, que experimenta un montón de sensaciones del exterior, va aprendiendo a integrar todos los estímulos del entorno, hasta llegar al reconocimiento de sí mismo como ser independiente. A los diez meses, ya diferencia entre él y los demás. Más tarde, a través del juego y la imitación irá tomando conciencia no solo del “Yo” sino del reconocimiento de los otros como modelo, y la autoconsciencia ya se habrá instaurado como capacidad de autorreconocimiento.

Cuando llegue la adquisición del lenguaje en el que el niño  ya puede llamar a las cosas por su nombre, expresar sentimientos y deseos  el autoconcepto irá tomando una forma estática aunque aún muy superficial. A partir de los seis años el autoconocimiento será ya más integrado y complejo. El sujeto en su desarrollo irá adquiriendo cada vez más claramente  la diferenciación entre el “Yo” y los demás y en  la adolescencia, ya están presentes; los atributos físicos (soy rubio)  psicológicos (soy buen estudiante) y las actitudes (me molesta que la gente cometa injusticias) pero ahora bien y ¿la autoestima?

La autoestima es considerada un elemento del autoconcepto y es la encargada de emitir juicios de cómo somos. Estos juicios suelen llevar asociados sentimientos y emociones (“soy incapaz de hacer esto”, “soy tímido con las chicas” “soy guapo”) Como vemos, en la definición que hacemos de nosotros mismos, no solo hay asociado unos sentimientos sino que también una comparación social. Tras las investigaciones de W. James, quien apuntaba que la autoestima se mueve en la comparación  entre un “Yo real” y un “Yo ideal” Higgins (1987, 1991) añade un “Yo debería” entendido como la obligación moral que un sujeto cree que debe poseer. Desde este punto, la autoestima es considerada entonces como un valor, lleno de comparaciones entre uno mismo y el entorno.

Las investigaciones apuntan que el “Yo real”  y el “Yo ideal” aumentan considerablemente desde los siete años hasta la preadolescencia. Se observa una tendencia a la autocrítica en la edad escolar y consecuentemente la autoestima se ve afectada. Por ello, se da un descenso de la misma entre los siete y los once años. El proceso de socialización (normas) influye muy directamente sobre  el desarrollo de la autoestima y del autoconcepto. En la adolescencia, el objetivo es alcanzar una identidad clara. Simmons y Blyth, 1987 apuntan como causas del descenso de la autoestima en la adolescencia, los cambios biológicos, las necesidades de ajuste psicológicas y el carácter contradictorio en rasgos de personalidad. Tal y como señala Thompson, 1997, la adolescencia supone un camino en el que “encontrarse a sí mismo”. Este será un punto muy importante para ir adquiriendo una identidad madura y que se irá redefiniendo hacia el resto de las etapas de la vida.

Con todo ello, viendo el desarrollo psicosocial del individuo, es interesante pararse a reflexionar sobre la identidad propia que llegamos a alcanzar los individuos. ¿Cuándo se estabiliza? Parece que está en continua evolución. Puedo saber quién soy o cómo pero resulta curioso que haya momentos de la vida en que esto quede como una cuestión retórica en la que más allá de respuestas lógicas no sepamos argumentar quienes somos o cómo nos percibimos.

Parece que las capacidades cognitivas y la interacción social son los elementos sobre los que se construye el autoconcepto a lo largo de la vida y éste va directamente relacionado con la autoestima. En consulta suele a veces escucharse “no sé cómo soy, no sabría definirme" ¿cómo somos entonces realmente? ¿La identidad queda sujeta a un nombre y apellidos? Desde mi punto de vista, estamos en continuo crecimiento y evolución Seguimos en la búsqueda de definir la identidad muy a menudo y de ahí la riqueza de nuestro constante desarrollo.

Bibliografía

Psicología Evolutiva I. Volumen 2. P.H Ybarra, P.S. García (2002) UNED, Madrid.

1 comentario:

  1. Como bien dices, la identidad personal se construye y no deja de construirse con los años. El constructivismo supone que somos una especie de científicos bastante imperfectos que desarrollan su propia teoría sobre el funcionamiento del mundo. Así creamos, entre otros muchos constructos, una identidad que ponemos a prueba día a día mediante la experiencia y la interacción con los demás.

    Interesante artículo. Un saludo.

    ResponderEliminar