sábado, 9 de junio de 2012

¿REALIDAD O FICCIÓN? ; SIMULACIÓN

 
“creo que tengo estrés, o ansiedad o lo que sea que sea eso pero yo me encuentro mal de verdad.  Me duele la espalda, las cervicales y tengo frío, calor y continuos mareos. A veces fiebre también. Creo que estoy trabajando mucho y esto me está afectando, porque el año pasado solo tuve 10 días de vacaciones y claro no descansé, ¿sabe usted…? También me siento triste y así no puedo seguir. Me cuesta levantarme por las mañanas. ¡Ay la espalda!  ¿Lo ve? ¡Otra vez estos tirones! Y luego a mediodía tengo escalofríos y a veces fiebre (repite). Se lo digo, así no puedo seguir…”

¿Realidad o ficción? Todos podemos llegar a experimentar sintomatologías diversas ante una dolencia. Confiamos en los profesionales de la salud para que nos examinen cuando nos encontramos en mal estado y son ellos quienes dictaminan un diagnóstico, un tratamiento…De la misma manera, ellos deben confiar en nosotros y en nuestros síntomas para proporcionar una solución adecuada pero ¿Qué sucede cuando alguien utiliza su propia salud para obtener recompensas? ¿Se pueden llegar a  disfrazar síntomas con el fin de engañar a dichos profesionales en beneficio propio? De ser así; ¿cómo nos delatan nuestras mentiras ante médicos, psicólogos y otros especialistas? Veamos qué es y cómo funciona la llamada simulación.


Simulación; proviene etimológicamente del latín, Simulare, y se define como el intento de mentir o engañar, acerca de una enfermedad y /o discapacidad, con el objetivo de obtener un beneficio personal  (económico o de eximición de deberes y obligaciones) exagerando una sintomatología, (Kropp y Roggers, 1993). Dentro de la clasificación diagnóstica DSM-IV-TR, se incluye en la sección “problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica” (American Psychiatric Association, 2000).

La simulación debe diferenciarse del síndrome Munchausen, o trastorno facticio donde el individuo actúa con el fin de asumir el rol de enfermo. Este trastorno presenta una variada sintomatología, que puede ser física y/ o psicológica pero  normalmente no implica una consecución de recompensas externas.

Siguiendo la clasificación de Resnick, 1997, la simulación puede ser de varios tipos:

  • Pura; ideación total de la sintomatología. El paciente no tiene  referentes sintomatológicos reales. Este tipo de simulación es la más difícil de mantener (ejemplo; fingir una dolencia para obtener una baja laboral)
  • Parcial; exageración de las sintomatología y mantener intencionadamente la misma cuando los síntomas ya no están presentes. Este tipo de simulación es la más frecuente.
  • Imputación falsa; atribuir a una sintomatología existente un acontecimiento traumático falso (maltratos, abusos…)

Por lo que respecta a los criterios de sospecha, Samuel y Mittenberg (2006), destacan los más usuales en el contexto médico-legal:

  • Motivación y circunstancias; insatisfacción personal, conflictos laborales, problemas económicos…
  • Sintomatología; extraña e incoherente en diferentes pruebas y con una evolución clínica  atípica.
  • En entrevista hay falta de cooperación y discrepancias en la información dada.
  • Actividad fuera de la entrevista lúdica e incompatible con los síntomas descritos. Falta de compromiso con el tratamiento.
En lo que se refiere a las tasas de incidencia de la simulación, estudios de Mittenberg et al, 2002 establecen las lesiones personales en un 29%, discapacidad o indemnización laboral en  un 30% (son las más elevadas), casos criminales un 19% y casos relacionados con medicina general o Psiquiatría un 8%.

La simulación de psicopatologías, es un área muy estudiada para argumentar por ejemplo imputabilidad en procesos judiciales, por lo que forma parte de una de las competencias en psicología jurídica-forense. Hay varios instrumentos desarrollados para la evaluación psicológica de la simulación y supone un gran reto de investigación. ¿Realidad o ficción? Algunos piensan; “hecha la ley, hecha la trampa”...


Bibliografía

Kropp, P.R. y Rogers, R. (1993). Understanding malingering: motivation, method, and detection. En M. Lewis y C. Saarni (Eds.), Lying and deception in everyday life (pp. 201-216). New York: The Guilford Press.

Resnick, P.J. (1997). Malingering of posttraumatic disorders. En R. Rogers (Ed.), Clinical Assessment of Malingering and Deception (pp. 130-152). 2ª edición. New York: The Guilford Press.

Mittenberg, W., Patton, C., Canyock, E.M. y Condit, D.C. (2002). Base rates of malingering and symptom exaggeration. Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology, 24, 1094-1102.

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