miércoles, 19 de septiembre de 2012

UN RIESGO AL ENVEJECER: ¿LA DEMENCIA?



Nacer, crecer y ENVEJECER. Ese es el curso evolutivo de la vida. Un curso que queda marcado por nuestra genética, por nuestra calidad de vida, por nuestro entorno social, por nuestro carácter, por nuestras circunstancias…en definitiva;  por nosotros como seres particulares con un montón de influencias del exterior y del interior de nuestro ser que a veces ni uno mismo logra comprender.

En la etapa final de nuestra existencia se produce un declive natural de muchas de nuestras funciones corporales y psicológicas. Ahora bien; ¿Cuál es la línea que separa un envejecimiento normal de uno con alteraciones y/o déficits importantes que impiden una vida autónoma? Sin referirnos al deterioro que puede llegar a producir una larga enfermedad física, hablaremos de aquel, que de tanto se habla, que de tan poco se sabe, que tantas preguntas suscita  y que tanto dolor causa a pacientes y familiares: la demencia

La demencia es un síndrome clínico caracterizado por un déficit en más de un dominio cognitivo. Representa una pérdida respecto al nivel de vida previo  y reduce de forma significativa la autonomía personal del individuo. Normalmente, cursa con síntomas conductuales y psicológicos y afecta directamente sobre el paciente y en consecuencia sobre su entorno social, causando  un gran daño físico, psicológico y económico sobre el núcleo familiar.

La demencia, tiene como principal factor de riesgo la edad (se duplica cada 5 años a partir de los 65) pero no es el único. Varios estudios también han confirmado que el sexo femenino tiene un mayor riesgo de padecer demencia, sobretodo en lo que respecta a la enfermedad de Alzheimer. Los antecedentes familiares también tienen peso entre un 10% y un 30%. No fumar, no padecer obesidad, tener un estilo de vida sano y equilibrado y realizar actividades intelectuales, disminuyen el riesgo de sufrir demencia. En cuanto el consumo de alcohol, más concretamente de vino, en dosis moderadas produce un menor riesgo  pero en altas, no produce beneficio. El nivel de escolarización bajo se asocia  también a un mayor riesgo de sufrir dicho síndrome y la exposición ambiental a toxinas también.
Por otra parte, aunque la demencia más conocida y más frecuente  sea la enfermedad de Alzheimer, existen otras comunes a las que no hay que quitarles protagonismo. Las más usuales son;  la degeneración lobular  frontotemporal, la demencia vascular, la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson y  la demencia con cuerpos de Lewy entre otras.

Las manifestaciones clínicas de la demencia son distintas dependiendo del tipo, debido a que existen diferentes etiologías, diferentes lesiones y variabilidad distinta en el curso evolutivo pero a groso modo podemos hablar de alteraciones mnésicas que pueden darse en cualquier tipo de demencia en algún momento de su evolución. Podemos hallar trastornos apráxicos (alteración en la gestualidad y coordinación de una actividad), afásicos (alteración del lenguaje), agnósicos  (alteración del reconocimiento de objetos) y afectación de las funciones ejecutivas (capacidad para iniciar, secuenciar y planificar una actividad). De otra manera, también es muy habitual encontrar síntomas conductuales y psicológicos en un 80% de las demencias y esto muy a menudo dificulta el diagnostico.

Por lo que se refiere al curso evolutivo, si son de origen neurodegenerativo, tendrán un comienzo insidioso y cursarán progresivamente. Dentro de este proceso, el progreso irá hacia  fases cada vez más avanzadas, hasta llegar a afectar a las actividades básicas diarias del individuo (vestirse, lavarse…). La enfermedad no suele prolongarse más allá de los 15 años.

Es importante mencionar que el diagnostico de la demencia suele partir de la sospecha de deterioro cognitivo pero debe  exigirse una exploración minuciosa (anamnésica, clínica y neuropsicológica)  ya que hay que descartar otras posibles causas de deterioro.
Tampoco hay que confundirla con el síndrome confusional agudo (delírium), que es una enfermedad aguda, con un inicio brusco, con nivel de conciencia alterado, alteraciones fisiológicas muy llamativas  y a menudo es una enfermedad reversible. La depresión es otro elemento importante en el diagnostico diferencial. Bajo la sospecha de alteraciones en algún ámbito cognitivo y en personas que han traspasado los 65 años, es aconsejable someterse a una exploración clínica que cuente con las herramientas necesarias para detectar dicha enfermedad.

Bibliografía

López-Ibor JJ, Valdés M. DSM-IV-TR Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson; 2005.

Guía de práctica clínica sobre la atención integral a las personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Ministerio de ciencia e innovación, 2011. http://www.gencat.cat/salut/depsan/units/aatrm/pdf/gpc_alzheimer_demencias_pcsns_aiaqs_2011vc.pdf

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