domingo, 23 de diciembre de 2012

"DULCEMENTE SALADO": ¿LA PREFERENCIA POR UN GUSTO DETERMINADO HABLA DE NOSOTROS?




“No me gusta el chocolate, ni los pasteles, ni en general los sabores dulces, pero no soy capaz de resistirme ante lo salado” – dice María. Laura se sorprende y le comenta que a ella le pasa todo lo contrario. Juan opina que a él le gusta todo pero que tiene predilección por el picante, y café en mano, Luis añade que él siente aversión por este último y es más, agrega que le sienta mal.

¿Por qué unos están indecisos ante la carta de postres queriendo comerlos todos y otros ni la miran? ¿Por qué hay quien nunca jamás probaría un exquisito manjar mientras otros les encantan degustar sabores distintos independientemente de estos? ¿Tiene esto algo que ver con nuestra manera de ser y nuestra personalidad? ¿Qué dice de nosotros nuestra elección alimentaria? Es más; ¿y nuestros hábitos alimenticios?

Este es un tema complejo, que ha despertado el interés de psicólogos, biólogos, incluso antropólogos y entre los estudios hay diversas teorías enfocadas desde distintas visiones. En primer lugar, me gustaría empezar por un tema que no podemos obviar. Esto es; el tema biológico, siempre ligado a nuestra Psicología. Así pues, en primera instancia, nos preguntamos; ¿la preferencia por los sabores es innata o se aprende?

Entre las investigaciones realizadas hay pequeñas contradicciones pero como punto común, los estudios han coincidido en señalar que ya desde antes del nacimiento y de manera innata se tienen preferencias por los sabores dulces  y  se rechazan las sustancias amargas o picantes. Esto tendría varias explicaciones, pero quizás la más notable es que de manera biológica estamos dotados para proteger nuestra supervivencia. De esta manera, sabores más amargos, estarían relacionados con sustancias más tóxicas, lo que nos hace reaccionar con aversión para ingerirlas y de este modo proteger nuestra vida. A partir de aquí, la configuración de nuestras elecciones alimentarias parece ser que no está tan  dada por la biología, y que estas elecciones se modifican continuamente con la experiencia. En este sentido, la mayoría de teorías dan más peso a la vinculación de la preferencia por un gusto determinado con algún tipo de experiencia concreta. Por lo tanto podemos decir que la elección va más allá de la predisposición genética y que la mayoría de preferencias en este sentido se aprenden.

Mezcla de factores

¿Qué nos hacían comer papá y mamá? ¿Qué receta aprendí a no aprenderla por aburrimiento de tanto comerla, por aversión o por la obligación de tener que tragarla? Pues sí, nuestra historia, entorno familiar, nuestras experiencias infantiles con la comida y nuestras experiencias con la misma fijan, en gran parte nuestra predilección de sabores. Desde la Psicología estaríamos hablando aquí de una cuestión de aprendizaje. Dentro de este mismo, tenemos un fenómeno curioso llamado el “efecto de la mera exposición” y esto es la exposición repetida de algún alimento, para conseguir el gusto adquirido. Pensemos por ejemplo en el tan consumido café. Por sí solo tiene un sabor amargo y un porcentaje elevado de gente que consume esta sustancia lo mezcla con leche o azúcar. A base de ingerirlo, o sea la exposición repetida, hace la preferencia por el mismo. Claramente hay una relación directa entre la experiencia que nos proporciona un alimento y nuestra predilección por éste. En otro sentido también tenemos el condicionamiento de sabores nuevos y aversiones. Esto significa que determinados platos que nos van gustando con el tiempo, son más fáciles de aceptar si se combinan con otros que sean de nuestro agrado, y no de manera aislada. De la misma manera, un alimento asociado a sensaciones  y/ o reacciones sensoriales negativas (vómitos, nauséas..) producirá aversión, quizás incluso durante toda la vida. Contrariamente, sensaciones positivas y  placenteras ante determinados alimentos producirán preferencias determinadas, incluso contextuales. (gustamos de comer aquello que hemos comido en situaciones agradables).


¿Sabor y personalidad?

Ahora bien. Más allá de cuestiones innatas y de cuestiones vivenciales, nos preguntamos si nuestra elección alimentaria también tiene relación con nuestra manera de ser. Es más, si nuestras conductas alimentarías también nos delatan,  y una vez más, las investigaciones se ocupan de dar respuestas.

En primer lugar, tenemos la extensa  experimentación de Alan R. Hirsch, conocido médico y  autor del libro “¿De qué sabor es tu personalidad?” Durante más de veinticinco años ha estudiado la personalidad de más de 18000 personas y afirma contundente que sí hay una relación directa entre las preferencias por un determinado sabor y la personalidad de un individuo. Según dicho Doctor, la preferencia por uno u otro sabor  indica, tanto lo que el cuerpo pide, como lo que la mente también. De manera general y por poner solo algún ejemplo, certifica que el gusto por el dulce indica que el cuerpo pide una mejora de estado anímico, así como energía y que la mente dice que se trata de una persona hedonista, a la que le gusta ser especial. De manera distinta, los amantes de lo salado, se corresponderían con los que buscan complementar la falta de potasio, calcio y hierro a nivel corporal y que consecuentemente su estilo de personalidad de relaciona con personas que creen que su destino está marcado por fuerzas externas y no por las creencias de ellos mismos. El autor del libro, también menciona la relación entre la mezcla de los diferentes sabores y la personalidad.

When you crave En segundo  lugar, tenemos las aportaciones de Juliet A. Boghossian, experta en conducta alimentaria, y la cual  nos habla de los hábitos que mantenemos a la hora de las comidas. Tras veinte años de experimentación, Boghossian, postula que las preferencias y hábitos alimentarios no solo están relacionados con nuestro carácter sino también en cómo nos sentimos en ese momento y asegura  que la mayoría de la gente cae en algunas de estas características:

  • Los que comen poco: estarían relacionados con aquellos que sacan el máximo provecho de sus experiencias y son más propensos a anteponer sus necesidades antes que la de los demás.
  • Los que comen rápido: estarían en un desequilibrio respecto a sus prioridades. Asegura que los que acaban de comer antes que otros tienden a anteponer otras cuestiones antes que a sí mismos. Son también muy productivos y gozan del éxito.
  • Los que mezclan alimentos: son aquellos que pueden asumir gran cantidad de responsabilidades pero con la problemática de decidir cuales son las más importantes.
  • Los que no mezclan y comen los alimentos de uno en uno: son menos flexibles, a la hora de encajar situaciones nuevas.

En resumen; de manera innata las investigaciones coinciden en afirmar nuestra preferencia por el dulce y nuestro rechazo por otras sustancias de tipo amargo, ya desde el útero pero dentro de la evolución de la persona las preferencias cambian y quedan modificadas por la experiencia. Aspectos vivenciales, aprendizaje, condicionamiento y aversión también determinan nuestros gustos y finalmente hay quien afirma que las predilecciones también van en relación con la personalidad. Los hábitos y las conductas alimentarias no son menos y reflejan aquello que somos y de qué manera estamos. 


Bibliografía
The Development of food preferente. J.,Hale. Psych Central, 2012 http://psychcentral.com/lib/2011/the-development-of-food-preferences/
Decode your food cravings. Nbcnews. 2009. http://www.msnbc.msn.com/id/33589896/ns/health-diet_and_nutrition/t/decode-your-food-cravings/

Menella JA, Beauchamp GK.  El desarrollo temprano de Preferencias sabor humano. In: Capaldi ED.: ¿Por qué comemos lo que comemos. La psicología de comer. American Psychological Association, 1996. 

Eating habits and Personality: surprising connection. 2009
http://www.divinecaroline.com/38/82477-eating-habits-personality-surprising-connection

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