sábado, 16 de marzo de 2013

¿SABEMOS ACEPTAR LA CRÍTICA? : UNA HERIDA EN EL EGO


“La crítica constructiva habla de mí, la destructiva de ti”, dice mi gran amigo y asesor José Erre (@joseerre) www.neurotu.com Es una frase sabia que engloba una gran realidad, pero lo cierto es que no siempre la vivimos así.  No todas las personas saben aceptar una crítica y, para la mayoría de gente, recibirla resulta algo incómodo. Aquí me pregunto; ¿Por qué se hace difícil ser corregido aun cuando es para un bien propio? La aceptación de un error particular, no es tarea sencilla.

Todos hemos recibido alguna vez, un comentario acerca de nosotros mismo (una acción realizada, una manera de ser o actuar…) que no ha sido de nuestro agrado. Evidentemente, esta crítica ha podido ser de manera  despreciativa o de manera constructiva, la cuestión es que cuando se trata de esta segunda forma, las reacciones no siempre son buenas. En primera instancia, unos pueden reaccionar de modo agresivo y  otros de forma pasiva. También los hay quienes responden de forma defensiva  y algunos pocos de manera reflexiva. Pero sea como sea, lo común es que la crítica caiga cual cohete, directamente a la autoestima. Y es que ciertamente la crítica está íntimamente ligada a ella y a la autoaceptación.

¿Una cuestión de ego?

Todos necesitamos sentirnos bien con nosotros mismos. Saber que lo que decimos o la manera en la que obramos es correcta para nosotros y para el resto, es esencial para mantener nuestro nivel de integración en la sociedad. Cuando recibimos una crítica se ponen en duda esas actuaciones o palabras y algo tambalea acerca de la aprobación interior de nuestras competencias. Sin duda, somos susceptibles a recibir juicios.

Los sentimientos de seguridad personal, se anclan desde el interior y en el fondo nuestra susceptibilidad ante una posible crítica depende del grado en que nosotros mismos nos autoaceptemos y queramos. Una persona con baja autoestima y que somete a análisis todas y cada una de sus actuaciones, puede ser muy vulnerable a la opinión de terceros, sobre todo si dicho comentario se vive como una amenaza. En cambio un individuo con la capacidad para aceptar que sus acciones o pensamientos pueden tener un margen de error, será menos susceptible ante las observaciones de los demás. Tendrá una capacidad de introspección más tolerante y será capaz de reflexionar sobre si lo dicho es o no para un bien propio. Pero vayamos más allá. En más de una ocasión, me he remontado a la infancia para explicar ciertas conductas en la vida adulta y el tema que hoy nos ocupa no puede ser menos. De pequeños, aprendemos muchas cosas, entre ellas aprendemos a amar, a tolerar… y también a gestionar emocionalmente las críticas. Ser padre no viene con manual de instrucciones, pero a menudo excesivas demandas, poco apoyo emocional y poco reconocimiento pueden generar conflictos que no quedan resueltos y que a modo de autodefensa salen en la la vida adulta. Con ello quiero decir que si de pequeños recibimos críticas frente nuestras acciones, de mayores se reabre la herida y podemos volver a experimentar los mismos sentimientos de fracaso y desaprobación, que sentimos en la infancia.

Como seres sociales, necesitamos formar vínculos de identidad y pertenencia y en el momento en el que recibimos un comentario que no es de nuestro agrado, conectamos con nuestra seguridad interior y nuestra auovalía (de nosotros hacia lo que se espera de nosotros). De manera casi automática, relacionamos el juicio recibido con nuestras experiencias anteriores de fallo y frustración. Ser consciente de ello, nos puede ayudar a contactar con nuestro niño interior y tratarlo con cariño y tolerancia. Evaluarnos desfavorablemente con culpa y reproche evita que podamos crecer, con algo que tal vez, aun no hayamos aprendido.

En cuanto a críticas se refiere, solemos responder de manera emocional y no de manera racional. Tal y como he comentado, se conectan experiencias pasadas, junto a la autoestima y tolerancia que nos tenemos a nosotros mismos. La crítica, aunque sea buena, va directamente a nuestro ego y a nuestra autoevaluación del mismo. En general, no solemos recibir las críticas de los demás con los brazos abiertos, pero es esencial darnos permiso para tratarlas como un camino hacia el crecimiento personal. Al fin y al cabo la percepción del otro, equivocada o no, es solo una opinión. La herramienta está dentro de nosotros, para sentirla como un ataque y defendernos desde el dolor o para sentirla como una pista que nos indica que quizás, no tengamos la verdad absoluta.

Bibliografía

Why Criticism Is So Hard to take ( Part 1). F.Seltzer, Psychology Today, 2009 http://www.psychologytoday.com/blog/evolution-the-self/200901/why-criticism-is-so-hard-take-part-1-0

Why Criticism Is So Hard to take ( Part 2). F.Seltzer, Psychology Today, 2009  http://www.psychologytoday.com/blog/evolution-the-self/200902/why-criticism-is-so-hard-take-part-2

Do Yourself a favor…Learn From Criticism. Thomas.G Plate, Psychology Today 2012 


4 comentarios:

  1. Pedro Donoso. Pues sí, muchas veces no se acepta bien la crítica constructiva aunque sea directa y sin rodeos. Yo creo que depende de la confianza personal que haya, de la educación del criticado y esencialmente de su conciencia por el acto reprobado

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    1. Gracias por compartir tu opinión Pedro

      Saludos :-)

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  2. personalmente yo no las acepto y mi respuesta a ella es muy agresiva no soporto que me digan nada porque todo lo que hago esta bien pero a la nada de que alguien me lanza un comentario y a la nada que se meten en una conversación mia con una ocurrencia burlesca tiendo a ponerme nervioso soy una persona muy irascible e inestable y soy muy sobervio soy de las personas que cuando instruye otras si es con una vez basta... pero lo ironico de esto es que yo necesito que me repitan las cosas bueno me largo y me dejo de analogias sin sentido tienes cosas que hacer

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  3. Yo tenía un amigo que algunas veces le comentaba cosas que podía mejorar en el campo de la informática (los dos somos programadores web). Pues bien, no había forma de decirle nada y siempre se me ponía en plan defensivo cuando le decía cualquier cosa. Al final la amistad se fue al garete y ya nunca más he vuelto a saber de él.

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