martes, 23 de abril de 2013

TENGO DOS, ¿TE DIGO PRIMERO LA BUENA O LA MALA NOTICIA?




Algo habitual en  la mayoría de nosotros, es que ante la elección de recibir una buena o una mala noticia, elegimos saber primero la mala. Racionalmente justificamos esta decisión, pensando que en primer lugar nos llevaremos el disgusto pero que después nos llevaremos una alegría. Quizás así, el impacto de la primera es menos doloroso, o quizás sea una manera de quedarse con un “buen sabor de boca”, después de todo. Ahora bien, ¿Siempre sucede así? ¿Ante las dos alternativas cual nos beneficia saber antes y por qué?

Ciertamente, los estudios lo indican de esta manera. Preferimos saber las malas noticias antes, para minimizar su impacto con las buenas. Esto nos conduce a niveles más altos de felicidad. Investigaciones recientes de la Universidad de California, analizaron las consecuencias afectivas, cognitivas y conductuales ante el orden de recibir primero una buena o mala noticia. El experimento se centró en rellenar cuestionarios respecto al estado anímico después de recibir ambas comunicaciones en diversos órdenes. Los resultados concluyeron que el orden de las noticias era de suma importancia para gozar de un mayor o menor estado de  ánimo. De esta manera, los que recibieron la buena noticia en segundo lugar informaban de mejor bienestar que las que recibían la mala. A nivel conductual también se observaron cambios.

Pero este tema, es más complejo de lo que parece. Pongamos un ejemplo de mala noticia; “usted tiene cáncer” y la buena “estamos a tiempo de tratarlo”. En este caso, puede que el impacto psicológico de la mala noticia sea tan fuerte, que sea difícil quedarse eclipsado por la buena. Es probable que ante una información de tales características el sujeto experimente ansiedad, miedo, negación o ambivalencia.

Por otra parte, no todos somos iguales y no todo el mundo recoge la misma información. Esto es; mientras uno puede quedarse con la idea de “tengo cáncer” obviando “estamos a tiempo de tratarle”, otro puede quedarse contrariamente con esto último (“estamos a tiempo de tratarlo”) y sentir de esta manera un alivio esperanzador. Aquí, entrarían factores personales de personalidad, actitud  y estrategias de afrontamiento. En estos casos entonces, el significado emocional del suceso será de gran relevancia.

En conclusión; preferimos saber las malas noticias antes que las buenas, pero esto no siempre  resulta productivo, ya que depende del contenido emocional de dichas noticias y de las características de personalidad del individuo. En según qué casos, no se trata de comunicar algo positivo o negativo, sino que a veces una cosa antecede a otra. Por último también es importante el valor que les otorguemos a las mismas. “La mala noticia es que has suspendido matemáticas y la buena es que has aprobado literatura”, “pero lo cierto es que necesitaba aprobar las dos para pasar de curso”

Bibliografía

Do you want the good news or the bad news first? News order influences recipients, mood, perceptions, and behaviors. A.Nguyen., A legg., K Sweeny. Department of Psychology, University of California. 2000 http://ugr.ucr.edu/journal/volumes/volume5/ann_nguyen_online_pdf.pdf


No hay comentarios:

Publicar un comentario