miércoles, 22 de mayo de 2013

CUANDO EL AMOR ABANDONA: LAS FASES DE LA RUPTURA


Las ilusiones se han roto. El desengaño, la traición o el abandono amoroso se ha hecho patente  y ahí empieza un proceso de duelo inevitable que nos ha de llevar de nuevo a la adaptación emocional, social y psicológica. Y es que separarse de alguien que amas, siempre supone dolor, tristeza y angustia. Una angustia  que cada cual atraviesa de manera distinta pero con puntos muy comunes para todos.

Debido a algunos mensajes recibidos y a las demandas que me llegan sobre este tema, aquí pretendo hablar de las fases que suelen darse tras la ruptura amorosa, dejando claro que el orden de las mismas puede variar o solaparse y aclarando que influyen diversas cuestiones tales como la duración de la relación o el modo en que ésta se ha terminado y/o dejado.


“Es mejor que lo dejemos”

·         El impacto; escuchar de los labios de quien amas que el amor por ti ha terminado es uno de los impactos psicológicos que más hacen temblar al ser humano. La primera reacción suele ser llorar, incluso a veces implorar el amor, buscando la manera de huir del abandono. 

·     La Negación; como mecanismo de defensa para amortiguar el dolor, suele ser común que la persona abandonada no entienda o no quiera entender los motivos de la separación y quiera intentar convencer al otro de que puede ser posible arreglarlo o buscar soluciones.

·      El ataque; en vista de que no se consigue retener a la persona amada, el afectado puede utilizar toda una serie de ataques verbales que incluyen el chantaje emocional para hacer saber al otro lo que está perdiendo. Estos ataques pueden ir desde “no encontrarás a nadie como yo”, hasta “ya te darás cuenta de lo que has perdido”. Psicológicamente, esto es una manera de expresar el vacío emocional que se está sintiendo.

·        Del amor al odio; una vez la ruptura está patente, la persona verbaliza que ya no quiere saber nada del otro y que le da igual lo que haga pero al mismo tiempo busca información suya a través de amigos o conocidos o está pendiente de que la persona haya recapacitado y tenga deseos de volver.  Suele ser común los sentimientos de rabia y frustración. Algunas veces no se comunica a familiares y amigos con la esperanza de que las cosas puedan arreglarse, pasando por una fase de aislamiento social.

·      Inestabilidad emocional; aquí se entra en un periodo de inestabilidad emocional que cursa con sentimientos de culpa, de tristeza, angustia y desesperanza. Por una parte, la persona reflexiona en los puntos en los que se ha equivocado de la relación, sintiendo ansiedad e impotencia. Por otra se hace presente la tristeza, mientras vienen todos los recuerdos. Aquí la pérdida se hace consciente y se siente soledad, vacío y desesperanza.

·    Adaptación; la persona se siente extraña pero empieza a adaptarse a la nueva situación. Poco a poco va sintiendo menos preocupación e ideación sobre el otro y se es capaz de centrarse en uno mismo y empezar a hacer cosas distintas, con el objetivo de empezar una nueva etapa.

·   Indiferencia; ha llegado el momento en que el foco de atención (el ex) ha dejado de existir para los pensamientos obsesivos del abandonado. Ya no se piensa en la ex pareja con tristeza y rabia y se da la indiferencia como punto de partida hacia la total recuperación.

Tal y como he citado anteriormente, estas etapas pueden solaparse y vivirse de manera más o menos intensa, según la situación y la persona. Lo que sí es cierto es que, como seres humanos, necesitamos un proceso de adaptación a los cambios. Una ruptura amorosa no solo es una ruptura con alguien, también supone una ruptura social, un cambio de hábitos, incluso a veces, un cambio de escenario. Se rompe con muchas cosas al mismo tiempo y esto debe adquirir un nuevo espacio mental y emocional. Espacio que debe respetarse, aunque uno quiera correr más que el tiempo y a la velocidad de la luz.


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