miércoles, 28 de agosto de 2013

¿UN ROBOT QUE NOS ABRACE? DEPENDENCIA EMOCIONAL DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL


La mente procesa la información, la codifica, la almacena y la recupera. No ha sido en vano, que la psicología cognitiva adoptara la metáfora del ordenador para describir su funcionamiento.

La inteligencia artificial, como su nombre indica no es natural, pero sí capaz de simular un razonamiento, de un agente no vivo y dar respuestas y soluciones a nuestro entorno. De esta manera, ha sido posible que ordenadores, robots y otras máquinas nos hagan la vida más práctica, incluso divertida cuando observamos una muñeca que pide que le cambies el pañal. Ahora bien, ¿Es posible que una máquina carente de vida, emociones y  sentimientos pueda comprendernos, darnos cariño incluso crear vínculos? A simple vista, la pregunta es escabrosa, pero ya están en marcha proyectos robóticos en forma de humanoides con el objetivo de interaccionar e intimar con el verdadero humano real.

Como profesional de la psicología, no solo me asusta la idea de que la compañía artificial se extienda a nivel social, sino que me induce a pensar que este tipo de avances pueden ser muy peligrosos para la salud psicológica del mortal. COG, un proyecto en forma de robot humano inteligente, surgió del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), con el objetivo de que dicho artilugio fuera capaz de “pensar” e interaccionar socialmente. Aunque las investigaciones continúan, este invento está de momento suspendido. No por ello, hay otros proyectos activos y las pruebas siguen para presentar algún día un “sustituto del ser humano”

Sherry Turkle, socióloga, psicóloga clínica e investigadora sobre el impacto de la tecnología en la sociedad, tuvo la oportunidad de conocer a COG. Según relata, en un reportaje publicado en la revista Muy interesante, del mes de Agosto, el acercamiento de dicho robot le impuso respeto, puesto que era capaz de interactuar con ella. Sus investigaciones, le suscitaron inquietud, debido a  que concluyó  que si estos artefactos eran capaces de seguir el movimiento ocular, recordar tu nombre y “fingir” expresiones, podría llegar a producirse una dependencia emocional para el sujeto real. Los veríamos como si tuvieran un yo real y en ellos buscaríamos consuelo y compañía. Por sus estudios y observaciones, Turkle ha comprobado que hay quien ha fantaseado con la idea de que un robot que anuncia el tiempo o localiza un restaurante, sea también un buen amigo, con el añadido de que además éste no se enfada.

Todos estos avances generan sin duda, cambios sociales, cambios educacionales y cambios en las relaciones propiamente humanas. ¿Se imaginan ustedes que llegáramos a pensar que no solo los humanos pueden abrazarnos y darnos consejos? ¿Se imaginan alimentando las necesidades de una máquina para obtener afecto y comprensión? Las consecuencias serían de gran magnitud. Probablemente nos volveríamos más individualistas y se nos olvidaría cuidar y respetar a los otros. Haríamos una relación artificial a nuestro antojo que nos aportaría sentimientos reales, al tiempo que caprichosos. Sabiendo que una de las cosas más necesarias para el buen desarrollo del individuo es su interacción social, sin duda, estos avances nos dejarían “desnudos y vacíos”  ante las relaciones. Quizás también desarrollaríamos patrones cognitivos equivocados al creer que nuestro robot hecho a medida nunca moriría y nunca erraría.

Sigo leyendo más, acerca de los proyectos del MIT y algunas funciones de los robots ya fabricados por este Instituto tecnológico. Me suscita más dudas. La esencia de la vida como humano, no solo es pensar, codificar y recuperar información, también es sentir, tener empatía y ser vulnerable ante lo que nos da miedo. Disculpen mi escepticismo pero no imagino al ser humano aislado pero acompañado de un ideal que responde lo que uno quiere a todas horas. Graves consecuencias.

Bibliografía

La inteligencia artificial. Capitulo 2. Matej Hochel y Emilio Gómez Milán http://www.ugr.es/~setchift/docs/conciencia_capitulo_2.pdf

“En los robots buscamos consuelo y compañía”. Reportaje de Ángela Posada a Sherry Turkle, para la revista Muy interesante, agosto 2013