domingo, 26 de enero de 2014

NO ME ANIMA LA PALABRA "ÁNIMO"



Tras una ruptura sentimental, tras la pérdida de un ser querido, tras algo que no nos ha salido bien…la gente suele utilizar palabras de consuelo, y a menudo a dichos vocablos les acompaña un sonoro; ¡ánimo!

Ciertamente, esto  se dice de manera coloquial, con la intención de desear bienestar y con la pretensión de brindar apoyo. Es una manera social que todo el mundo ha escuchado u utilizado alguna vez. Ahora bien, pensando que realmente alguien está sufriendo un mal momento, ¿tiene eficacia está palabra? Escribo este post desde una vertiente reflexiva. La cual, desde la psicología social me llama especialmente la atención.

La palabra; ánimo proviene del latín animus, aunque a su vez deriva del griego y es traducido como “soplo”. La transcripción es  voluntad, fuerza, valor… y se refiere al estado energético de un sujeto. De ahí que nuestras buenas intenciones se centren en mandar vigor y resistencia pero analicemos bien ese mensaje desde la realidad.

Partimos de la base de que una persona desanimada por algo, lo que precisamente no puede hacer es animarse y menos con un propósito  tan desiderativo como este. Hago hincapié en la buena voluntad con el que, “la palabra” es mencionada, pero a mi modo de entender, cae cual cohete estrellado entre montañas y con un eco perdido al viento.

Todo ello me hace pensar en los recursos que tenemos a nivel psicosocial para enfrentarnos al dolor y al consuelo de nuestros semejantes y es que muchas veces, nos quedamos sin herramientas verbales para empatizar con los infortunios de la vida. Me permito traducir la palabra de la que hablamos en; “todo pasa, vendrán tiempos mejores”… y se me ocurre que detrás de dichos mensajes hay una incógnita del porqué pasan las cosas y cómo deben arreglarse.

Ciertamente necesitamos de la comprensión y la empatía de los otros, pero me pregunto hasta que punto levanta la moral tan típica expresión. ¿Será que nuestro abanico verbal de habilidades sociales es limitado, para decir que lo malo también tiene fecha de caducidad? En definitiva…tópicos con mala praxis y buena fama.

Solemos quedarnos verbalmente al desnudo, cuando nuestro amigo nos cuenta que su mujer le ha dejado. No sabemos qué decir cuando hemos de dar el pésame a un conocido. Intentamos minimizar el impacto doloroso cuando alguien se queja de que algo no salió como esperaba  y se nos queda la mente en blanco cuando pensamos que tenemos que aliviar un sufrimiento que ni nosotros sabríamos gestionar. Así que; “ánimo que seguro que saldrás adelante y que además el tiempo todo lo cura” y tal cual liberamos tan difícil situación. Pero ¿libera? ¿Qué tal dar un abrazo?

Me siento animoso cuando estoy feliz. Me siento animado cuando todo va bien. Me siento animadísimo cuando consigo lo que quiero, pero no me siento con ánimo cuando lo que ocurre me duele. Y tanto es así que la palabra “ánimo” no me anima e incluso dese la lejanía me parece hasta cómica. Dime cómo lo ves, dime si desde fuera no parece tan grave. Escúchame mientras me desahogo. Aconséjame si quieres desde tu cariño y aprecio o dame pistas para enfrentarme a eso que no sé. También puedes callar y acompañarme con tu silencio o insinuarme que comprendes y que tú tampoco sabes cómo encauzar aquello que pasa pero no me digas “ánimo”, pues si de animar se trata, con esta expresión me dejas solo.




1 comentario:

  1. Amiga! Me hiciste acordar de un libro llamado " En contra de la Felicidad" muy bueno y habla un poquito de aquello que dejas ver entre las letras... a veces el animo no es lo que salva... Por lo menos asi lo veo yo. Nos enredamos y creamos un mundo en base a ciertas palabras.

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