domingo, 23 de febrero de 2014

SOY FAN DE MI SERIE FAVORITA: ¿OCIO O NECESIDAD?


Son las diez de la noche, de un domingo lluvioso. Juan se viste para salir de casa e ir en busca de un paquete de cigarrillos. Su adicción al tabaco, domina sobre la pereza, los rayos y los truenos. En pocas palabras; necesita fumar. Isabel, su compañera de piso, se ríe de tan vistosa desesperación, mientras prepara unas palomitas para ver un nuevo capítulo de su serie favorita. Y de las diez, a las once, a las doce y a las dos de la mañana, que es justo, cuando presa del agobio de que el lunes ha de madrugar, apaga la televisión. ¿Qué pasará en el próximo capítulo? Un deseo impetuoso hacia dicha intriga, hacen que Isabel posponga horas de sueño. En pocas palabras; necesita satisfacer tal incógnita.

A simple vista, puede parecer banal, comparar la necesidad de fumar, con la necesidad de ver una serie determinada, pero no resulta tan descabellado cuando tanto uno como otro, hacen sobre esfuerzos para complacer dichas necesidades. Hay una fuerza, que impulsa a darse el “gusto”. Un gusto que empieza por una búsqueda de placer, y un gusto que a menudo se convierte en una necesidad de placer. Visto así, sí podría ser comparable. ¿Pueden llegar a ser adictas algunas series de TV? Sí, y de esta manera lo han indicado estudios recientes sobre el tema.

lunes, 17 de febrero de 2014

PARA TERMINAR UNA RELACIÓN HAY QUE CERRARLA


Beatriz me cuenta que hace cinco años que rompió con su pareja pero que no logra iniciar una nueva relación. Se describe como apática y sin energía emocionalmente. Comenta que no logra conectar con ningún chico y que ninguno es suficientemente bueno como su ex pareja  (la cual rehízo su vida a los pocos meses de separarse). En el relato, hay un trasfondo interesante. Algo así como; “en el intento de amar a otro no te dejo libre” y “no quiero soltarte”

Nada dura para siempre y todo tiene fecha de caducidad. Esto es una buena noticia cuando nos enfrentamos al dolor. Por mucho que algo nos parezca eterno e insuperable, no es perdurable en el tiempo. Pero el tiempo por sí solo no es curador. Hay que querer curar, hay que añadir gotas de fuerza y hay que querer desatarse de la cuerda que a veces nos ancla en el pasado. En el caso de Beatriz me pregunto si esa cuerda le resulta “cómoda” y si tras el lamento se esconde una irresolución de esa “perfecta relación” que tanto daño le causa. En el fondo no quiere soltar, porque eso implica cerrar y cerrar un amor que ella quiso tanto supone dolor, aceptación  y la responsabilidad de apostar por una nueva vida lejos de los recuerdos de él.

Como siempre, nos toca la bendita suerte de elegir. Y esta elección no es menos. A nadie le gusta poner alcohol en la herida que sangra pero sabemos que de lo contrario no sanaría. Nuestras lesiones del alma, son algo parecido. Podemos elegir evitar enfrentarnos a algo que nos duele, aunque esto implique “no curar”. Por el contrario también podemos apostar por ahondar en la espina (con lo que ello supone) y arrancarla para iniciar su recuperación. Para terminar una relación hay que cerrarla. No basta con romperla.

¿Y cómo se cierra?

En primer lugar, queriendo cerrarla. Parece absurdo decir esto y más cuando un gran número de personas afirma que por supuesto desea que así sea. Pero hablo aquí del interior y de lo que implica querer soltar. Querer cerrar una relación conlleva ser consciente de que eso va a quedar atrás, como parte de nuestra vida y con el objetivo de desapegarse de dicho vínculo. A menudo, las personas quieren mantener ese recuerdo vivo de manera constante, al tiempo que pretender iniciar nuevos vínculos amorosos.  “No se puede estar en misa y repicando”, -dice el refrán. De la misma manera no se puede querer iniciar una relación, queriendo formar parte de otra.

En segundo lugar hay que entregarse al dolor. Esto implica aceptar la frustración, la decepción y la tristeza. Hay que darse permiso para que entren los sentimientos y dejar que estén en nosotros, como parte de un duelo normal. Sabemos que en el proceso de separación aflorarán nuestras dolencias, pero también hemos de saber que tal cual vienen, en un tiempo se irán. Es posible que pasemos por vaivenes emocionales durante este periodo pero no podemos obviar algo tan necesario para nuestra rehabilitación emocional.
Seguidamente hay que reconciliar. No sirve con cerrar los ojos y decir que “ya estoy mejor” pegando un portazo como si de una puerta se tratara. Llenarse de rencores y olvidos fugaces solo trae alivio momentáneo. Es necesario reparar en nuestra parte de responsabilidad e intentar aprender de lo vivido.
Nadie dijo que fuera fácil pero sí, casi imprescindible, para poder decir “adiós”. Solo de esta manera, estaremos abiertos a recuperarnos internamente y a darle otra oportunidad a la vida para conocer de nuevo el amor.

Beatriz se ha dado cuenta de que no quería “olvidar” a Dani. Había una esperanza oculta, incluso una especie de traición, en hacer realidad  “lo que un día pudo ser”. Se dio cuenta de que lo que amaba era un “recuerdo amable de algún tiempo juntos” y eso la mantenía atada. Está soltando. 

jueves, 13 de febrero de 2014

LA VENGANZA AMOROSA: UNA PRETENSIÓN NADA CONSTRUCTIVA


Infidelidades, traiciones, mentiras,… o simplemente un “ya no quiero estar a tu lado”, son motivos de trifulcas amorosas. Automáticamente toca asumir, toca recomponerse y toca pasar por la dolorosa etapa de la tristeza, la ira y la soledad. Pero a menudo estos sentimientos se enzarzan con la culpa, la condena y la venganza.¿Ya no me amas? ¿Ahora me dejas? ¿Me has sido infiel?” Y desde el interior sale una flecha disfrazada de castigo, apuntando hacia el corazón del otro. “Del amor al odio” y en este post añado; “del rechazo a la venganza”.

lunes, 10 de febrero de 2014

EL SELLO DE MI IDENTIDAD; PSICOLOGÍA DEL TATUAJE


Más allá de culturas, ritos y valores espirituales y/o religiosos, existe una moda que consiste en sellarse  la piel. Esta es; la de perforarse ciertas partes del cuerpo con piercings y otros pendientes y la de tatuarse dibujos sobre la dermis, inicialmente intacta. No me remontaré a sus orígenes para explicar el porqué de esta práctica, pero sí que me gustaría profundizar sobre ella en términos psicológicos. ¿Qué explicación psicológica se esconde detrás de un tatuaje? ¿Es un modo de decir algo desde nuestra condición corporal? ¿Qué nos dice su silencio verbal y su grito visual? Estamos ante una marca, que implica dolor y penetración y que cifra un secreto que no pretende ser escondido.

domingo, 2 de febrero de 2014

¿QUÉ DICE EL BOLSO DE UNA MUJER DE ELLA?



Las llaves, las gafas, el monedero, pañuelos, el móvil, la agenda, un libro, un bolígrafo, chicles, compresas, tampones, maquillaje, neceser, cepillo de dientes… ¿Qué más podemos encontrar en el bolso de una mujer? Hay que reconocerlo; el bolso de Mary Poppins no era una sátira de este complemento tan preciado para una fémina. De alguna manera ese pequeño lugar donde guardamos tantas cosas en nuestro ir y venir del día a día es un reflejo de nuestra personalidad, nuestros miedos y nuestros deseos.