jueves, 13 de febrero de 2014

LA VENGANZA AMOROSA: UNA PRETENSIÓN NADA CONSTRUCTIVA


Infidelidades, traiciones, mentiras,… o simplemente un “ya no quiero estar a tu lado”, son motivos de trifulcas amorosas. Automáticamente toca asumir, toca recomponerse y toca pasar por la dolorosa etapa de la tristeza, la ira y la soledad. Pero a menudo estos sentimientos se enzarzan con la culpa, la condena y la venganza.¿Ya no me amas? ¿Ahora me dejas? ¿Me has sido infiel?” Y desde el interior sale una flecha disfrazada de castigo, apuntando hacia el corazón del otro. “Del amor al odio” y en este post añado; “del rechazo a la venganza”.

Suele ser común que tras decepciones amorosas haya uno “bueno y uno malo”. Generalmente se crean roles que representan un “culpable y un abandonado”. Si nos toca ser rechazados buscamos el consuelo de los demás como seres “maltratados” y de alguna manera buscamos el apoyo de los nuestros (incluso a veces también el de los suyos), acusando al otro miembro de la pareja, de lo sucedido. Si nos toca ser los culpables, parece que no suframos, que la decisión haya sido fácil o que nuestros actos tengan que pasar por el examen de un cruel tribunal. Sea como sea y por el tema que hoy nos ocupa, hablaremos del “herido” y de los mecanismos psicológicos que se crean cuando se utiliza la venganza.

En estas situaciones, la traducción psicológica que yo le otorgo como profesional de la salud mental es; “tú pagarás por lo que ME has hecho, A MÍ, a y a MÍ EGO”. Dentro del dolor que supone pasar por esta circunstancia, a veces en consulta, observo una cierta “satisfacción” inconsciente. Es algo así como; “yo que soy el bueno te haré pagar a ti que eres el malo, por lo el dolor que me has provocado”. “Mereces un castigo” y de repente me doy cuenta como el sentido de la justicia se posa en el  yo de una manera determinante y gozosa. Pero lo cierto es que eso no deja de ser una protección, una manera de defenderse de una agresión emocional que no somos capaces de asumir.

La venganza es un deseo de devolver un dolor cometido. La persona siente la necesidad de hacer saber al otro lo que ha hecho y el dolor que  ha causado. Sin embargo cuando esto sucede en las relaciones de pareja hay algo más profundo. Hablamos de asuntos irresueltos en el pasado y/o de experiencias emocionales no cerradas. Por otra parte, ya no solo se pretende retornar el mal realizado sino que inconscientemente se busca repararlo (grave error). Se instaura el rencor y aparece el deseo de ataque agresivo como defensa a nuestra pena e impotencia.

Utilizar la venganza en una relación de pareja es algo que no es nada productivo ni sano. Devolver el daño, solo produce una satisfacción momentánea que en verdad no alivia y que alimenta el daño producido. Lo que en un principio se pretende; volcar el dolor hacia fuera, se vuelve en contra y ese dolor rebota hacia uno mismo, produciendo consecuencias emocionalmente destructivas.

Es normal que tras una decepción y/o traición, un individuo se sienta herido, triste e impotente. Pero es bueno saber que las relaciones no las construye una única persona. Es una interacción de dos, en la cual, cada uno tiene su parte de responsabilidad. Querer “destruir” al otro, nos deja en una posición egoísta y poco constructiva. Nos ciega, incluso no nos permite crecer a nivel individual. Miremos hacia el interior y démonos tiempo para sanar heridas. Hacer un llamamiento al castigo del otro nos lleva a la autodestrucción y puede acarrear multitud de consecuencias.

Foto; http://www.morguefile.com/archive/display/867608

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