lunes, 17 de febrero de 2014

PARA TERMINAR UNA RELACIÓN HAY QUE CERRARLA


Beatriz me cuenta que hace cinco años que rompió con su pareja pero que no logra iniciar una nueva relación. Se describe como apática y sin energía emocionalmente. Comenta que no logra conectar con ningún chico y que ninguno es suficientemente bueno como su ex pareja  (la cual rehízo su vida a los pocos meses de separarse). En el relato, hay un trasfondo interesante. Algo así como; “en el intento de amar a otro no te dejo libre” y “no quiero soltarte”

Nada dura para siempre y todo tiene fecha de caducidad. Esto es una buena noticia cuando nos enfrentamos al dolor. Por mucho que algo nos parezca eterno e insuperable, no es perdurable en el tiempo. Pero el tiempo por sí solo no es curador. Hay que querer curar, hay que añadir gotas de fuerza y hay que querer desatarse de la cuerda que a veces nos ancla en el pasado. En el caso de Beatriz me pregunto si esa cuerda le resulta “cómoda” y si tras el lamento se esconde una irresolución de esa “perfecta relación” que tanto daño le causa. En el fondo no quiere soltar, porque eso implica cerrar y cerrar un amor que ella quiso tanto supone dolor, aceptación  y la responsabilidad de apostar por una nueva vida lejos de los recuerdos de él.

Como siempre, nos toca la bendita suerte de elegir. Y esta elección no es menos. A nadie le gusta poner alcohol en la herida que sangra pero sabemos que de lo contrario no sanaría. Nuestras lesiones del alma, son algo parecido. Podemos elegir evitar enfrentarnos a algo que nos duele, aunque esto implique “no curar”. Por el contrario también podemos apostar por ahondar en la espina (con lo que ello supone) y arrancarla para iniciar su recuperación. Para terminar una relación hay que cerrarla. No basta con romperla.

¿Y cómo se cierra?

En primer lugar, queriendo cerrarla. Parece absurdo decir esto y más cuando un gran número de personas afirma que por supuesto desea que así sea. Pero hablo aquí del interior y de lo que implica querer soltar. Querer cerrar una relación conlleva ser consciente de que eso va a quedar atrás, como parte de nuestra vida y con el objetivo de desapegarse de dicho vínculo. A menudo, las personas quieren mantener ese recuerdo vivo de manera constante, al tiempo que pretender iniciar nuevos vínculos amorosos.  “No se puede estar en misa y repicando”, -dice el refrán. De la misma manera no se puede querer iniciar una relación, queriendo formar parte de otra.

En segundo lugar hay que entregarse al dolor. Esto implica aceptar la frustración, la decepción y la tristeza. Hay que darse permiso para que entren los sentimientos y dejar que estén en nosotros, como parte de un duelo normal. Sabemos que en el proceso de separación aflorarán nuestras dolencias, pero también hemos de saber que tal cual vienen, en un tiempo se irán. Es posible que pasemos por vaivenes emocionales durante este periodo pero no podemos obviar algo tan necesario para nuestra rehabilitación emocional.
Seguidamente hay que reconciliar. No sirve con cerrar los ojos y decir que “ya estoy mejor” pegando un portazo como si de una puerta se tratara. Llenarse de rencores y olvidos fugaces solo trae alivio momentáneo. Es necesario reparar en nuestra parte de responsabilidad e intentar aprender de lo vivido.
Nadie dijo que fuera fácil pero sí, casi imprescindible, para poder decir “adiós”. Solo de esta manera, estaremos abiertos a recuperarnos internamente y a darle otra oportunidad a la vida para conocer de nuevo el amor.

Beatriz se ha dado cuenta de que no quería “olvidar” a Dani. Había una esperanza oculta, incluso una especie de traición, en hacer realidad  “lo que un día pudo ser”. Se dio cuenta de que lo que amaba era un “recuerdo amable de algún tiempo juntos” y eso la mantenía atada. Está soltando. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario