sábado, 29 de marzo de 2014

LA ANTICIPACIÓN DE LA FELICIDAD ES LO QUE NOS HACE FELICES: LA DOPAMINA EN TODO SU ESPLENDOR



“La mayor felicidad parece estar en la sala de espera de la felicidad”

Eduard Punset


A Belén le han concedido un premio que le otorgarán el próximo lunes. Nerviosa fantasea acerca de cómo será el momento…

Javier está esperando hambriento que le sirvan su plato favorito…

Marta está en el aeropuerto  imaginando cómo será el abrazo que le dé a su amado cuando aterrice el avión…

Juan está pensando qué cara pondrá su madre cuando reciba la sorpresa que él ha preparado.

Estamos ante imágenes mentales con un punto en común; la ilusión, el anhelo y la anticipación de la felicidad. ¿Qué sentimos cuando sabemos que nos recompensarán por algo bueno que hemos hecho? ¿Qué emociones nos proporciona imaginarnos que estaremos felices cuando nos acerquemos a aquello tan anhelado? ¿Y cuándo al fin lo conseguimos? La respuesta está en la dopamina que no actúa tanto en el momento feliz sino previamente al mismo.

La lectura de Robert Sapolsky me fascina. Este prestigioso profesor de biología y neurología de la Universidad de Stanford desmitifica falsas creencias. Hasta hace pocos años existía el convencimiento científico de que la dopamina era liberada cuando se conseguía algo satisfactorio. Pero el año pasado, salió a la luz que este  mágico neurotransmisor no opera en el momento en sí, sino que interviene de manera previa. Es el que impulsa la motivación y el que explota en medio de nuestra imaginación cuando visualizamos que alcanzaremos la dicha. De esta manera podemos decir que es en la anticipación del placer donde reside el placer.

Que la anticipación de la recompensa ya nos haga felices es sorprendente y maravilloso pero para ir más lejos, cabe decir que aún hay un momento en el que la dopamina se libera con mayor intensidad, lo que me parece más maravilloso todavía. Este no es otro momento que el de la incertidumbre. Siguiendo con la lectura de Polansky y sus numerosas investigaciones se llegó a la conclusión de que cuando nos exponemos a situaciones en las que podemos ganar pero hay un margen de duda y de suspense, la dopamina duplica su segregación hasta niveles nunca vistos. Esto es; “cuando se incorpora la dosis justa de un “quizás”, es incluso mejor que un “ahí viene” Estos estudios han sido corroborados cuando cabía la posibilidad de ganar un 50% de las veces. Ni un 25% ni un 75%. Sino justo un cincuenta. Ya vemos…parece que visualizar el adelanto nos da placer y mucho.


En resumen; la biología nos regala una vez más el éxtasis con solo imaginar que vamos a ser prósperos. Si encima hay un 50% de probabilidades de ganar, el neurotransmisor estalla de manera insospechable. ¿Será? ¿No será?...el nudo en el estómago se hace grande y esperando el momento sentimos el ¡bingo! que nos dice; usted ha ganado.

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