domingo, 2 de marzo de 2014

SEXTING: UNA PRÁCTICA ÍNTIMA MUY PÚBLICA Y MUY PERJUDICIAL


Alicia es una adolescente de diecisiete años. Admira sus curvas delante del espejo y orgullosa se hace una foto para mandársela vía mensaje, al guapo de la clase. Carlos, un poco más mayor, retrata con la cámara de su móvil, sus músculos, mientras está en el gimnasio y manda dicho “posado” a Cristina. Andrea quiere hacerle saber a su pareja que está noche será única y para ello le manda un vídeo a Marc, desde su Smartphone, en el cual aparece desnuda y decidida. Chicos/as, hombres y mujeres, sin mucho conocimiento, se lanzan al envío de contenido íntimo erótico y sexual. ¡Peligro! La red no mantiene secretos y las consecuencias de esta actividad pueden llegar a ser devastadoras.

Diversión, exhibicionismo y sin duda un anhelo de autoafirmación. Los menores y no tan menores, han puesto de moda una práctica que crece de manera escandalosa y sin conciencia. Hablamos del sexting, que procede de los vocablos ingleses sex (sexo) y texting (texto) y que implica el envío tanto de fotografías como de videos, de carácter sexual, a través del aparato móvil, ya sean tomadas por uno mismo o por terceras personas. Ahora bien, ¿qué repercusiones puede traer este inconsciente juego? Psicológicamente el mal puede ser mucho. Física y legalmente no puede ser menos.

Extraigo información de la web www.sexting.es, donde podemos encontrar desde noticias acerca del mismo, hasta casos legales, consejos y otros apuntes de interés. Por lo que este post quiere referir, me detengo aquí en los aspectos psicológicos de esta nueva moda que trae datos que invitan a la reflexión. En primer lugar cabe decir que existe plena inconsciencia de lo que significa lanzar al vacío contenido de tipo sexual. Los jóvenes han crecido en el nuevo e inexperimentado mundo de la comunicación online, sin apenas detenerse en lo que ello supone. La mayoría de personas que utiliza esta práctica, confía ciegamente en que dicho contenido es guardado secretamente. Pero lo cierto es que la información que se recibe de manera online vuela y se expande de manera veloz y dinámica. Esta información no solo puede llegar a hacerse pública, con lo que ello supone, sino que también puede caer en manos de terceras personas con el fin de utilizarlas como chantaje, para fines pornográficos u otros, igual de peligrosos.

Empecemos por el principio. ¿Qué lleva a un sujeto a la voluntad de mandar posados íntimos? Varias pueden ser las respuestas. La presión social y de grupo, la normalización con la que la sociedad acepta los desnudos, el deseo de agradar y destacar en un grupo de iguales, el afán por conseguir popularidad y el desconocimiento que se tiene de las consecuencias de esta práctica, pueden dar contestaciones a la pregunta formulada. Pero vayamos un poco más allá. El sexting implica un llamado al poco autorespeto en que crecen las nuevas generaciones. Desaparece el pudor y se normaliza el acceso al sexo desde edades tempranas.

Psicológicamente las consecuencias pueden ser muchas. Podemos hablar de humillación, culpa, ansiedad, depresión, aislamiento, traumas, incluso el suicidio. Por otra parte, y desde el aspecto legal pueden existir delitos contra la intimidad y la pornografía infantil.


Estamos ante un fenómeno que solicita PREVENCIÓN. Ponerse uno mismo en situación de vulnerabilidad no solo no es divertido sino que puede resultar ser muy perjudicial. Es relevante difundir las consecuencias que esta práctica conlleva y no dejar de insistir en lo que representa para uno mismo. Se ha de trabajar en autoestima, autorespeto y en autoconocimiento. Defendamos el derecho a la intimidad y tomemos conciencia de que lo íntimo a través de la red, es siempre, de uso público.

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