sábado, 15 de marzo de 2014

"SI PIERDO ESTO ME MUERO"; APEGO Y DESAPEGO A BIENES MATERIALES


¿Quién no ha oído y/o dicho alguna vez frases como estas?; “esto tiene mucho valor sentimental para mí”, “este objeto lo conservo desde pequeño”, me pongo a hacer limpieza y no sé nunca qué tirar”,  “si pierdo esto, me muero”… 
Hay gente que lo guarda absolutamente todo. Desde un trozo de papel minúsculo con una anotación importante, hasta una canica con la que jugaba de pequeño. Para estas personas resulta un gran reto ordenar todas sus cosas o hacer un traslado. Lo intentan, pero  son incapaces de renunciar a objetos aparentemente insignificantes pero verdaderamente relevantes para sus vidas. Otros en cambio, no tienen problemas en deshacerse de bienes personales y viven con lo puesto sin preocuparse donde “abandonan” los objetos que alguna vez les acompañaron. Apego y desapego a bienes materiales y con ellos nuestra manera de atarnos a recuerdos, llevarlos siempre con nosotros o por el contrario soltar las pertenencias palpables e ir dejándolas atrás.

Este es un tema que me apasiona. Desde el punto de vista psicológico no hay duda de que existe una relación muy directa entre la manera en la que interactuamos con los objetos y nuestra personalidad. La posesión de bienes materiales nos da indicios de un tipo de identidad. Algo de nosotros está en ese modo de conservar, de no soltar y es profundamente interesante ver de qué forma llenamos un equipaje que contiene miedos, recuerdos, tradiciones e incluso la no aceptación de que todo es temporal.
No desprenderse de algo que ya no tiene utilidad, significa que en el fondo aún puede sernos útil. Psicológicamente podríamos traducirlo de varias maneras. Por un lado podría representar una “esperanza inconsciente” de no cerrar cosas del pasado. Tenerlas presentes nos deja la posibilidad de vivir con los recuerdos, tal vez porque sea demasiado doloroso aceptar que eso ya terminó. Por otro lado, puede representar una resistencia al cambio. El hecho de guardar y guardar y que cada cosa sea importante, no deja de ser un reflejo de que nos cuesta cerrar etapas. Existe una especie de ilusión invisible que nos hace creer que lo que fue importante para nuestras vidas, nunca se puede desechar cuando se trata de plasmar el apego a los objetos. El ego habla. Los miedos también.
 Jesús dijo: “Vende todo lo que tienes, reparte el dinero entre los pobres y tendrás un tesoro en el cielo”
Lucas 18,22
Imagínese que tuviera que cargar por la calle con todo lo que es importante para usted. No solo no podría caminar, sino que aparte sentiría un gran peso encima. Pues ese mismo peso es el que está dentro de nosotros cuando nos cuesta soltar, aún y en un espacio ordenado. Pensamos que tenemos el poder de administrar lo que queremos que nos pertenezca pero en realidad todo aquello que no podemos dejar ir, no nos hace libres sino esclavos.
No nos escondamos. Cuando hagamos limpieza preguntémonos ¿Qué sentido tiene que guarde esto? ¿Qué significa para mí? ¿Tenerlo cerca realmente me deja avanzar? Porque realmente cuando hacemos orden para seleccionar lo que tiramos o regalamos, lo que realmente estamos haciendo es pedirnos permiso para cerrar cosas del pasado, para aceptar que eso dejó de ser útil pero aun así lo queremos “conservar”.
He bautizado este post con esta expresión tan comúnmente oída; “si pierdo esto me muero” y la verdad es que nadie se muere por perder nada, pero estamos tan apegados a algunos objetos materiales que el solo hecho de pensar que nos separamos de ellos asusta, da pánico e incluso nos puede llegar a hacernos sentir vacíos. Los seres humanos tenemos una tendencia en extraña en convertir un deseo en una necesidad absoluta. Necesitar es depender.


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