domingo, 25 de mayo de 2014

¿PUEDO AMAR A DOS PERSONAS A LA VEZ?



“yo no puedo comprender cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco”, voceaba Antonio Machin, hace muchos años, en su célebre bolero “corazón loco” El tiempo ha pasado pero la incógnita permanece latente en el corazón y en la cabeza de muchas personas.  Dicha  demanda se hace presente  en las consultas de psicología y fuera de ellas y  en una época como la actual, en la que la crisis del amor está  en auge, se buscan clandestinas respuestas. ¿Puedo amar a dos personas a la vez?

En primer lugar cabría diferenciar entre amor y deseo. El enamoramiento no es lo mismo que el amor. Este primero se define por una idealización, donde no hay cabida para la imperfección y donde el cerebro está “químicamente enganchado” por el anhelo del otro. Esta etapa, no dura mucho y dista bastante del verbo amar que tiene implicaciones más profundas, entre ellas la del compromiso. En este sentido una persona puede sentirse atraída por otra y puede llegar a tener una visión utilitarista con esa persona para satisfacer necesidades afectivas  inconscientes al estar pasando por momentos difíciles, confundiendo así los términos descritos. El amor verdadero ya ha conocido los defectos del otro y aun así los asume y decide seguir con esa persona. Amor lo que es amor no se iguala en dos personas. Podríamos decir entonces que se sienten sentimientos distintos y que muy a menudo se confunden.

Cuando una persona mantiene una relación madura con otra y aparece una tercera, esta última puede estar relevando una serie de carencias afectivas en la relación existente. Carencias, que puede tener cualquier pareja debido a que en las relaciones hay momentos difíciles que a menudo ponen entredicho la verdadera relación. Es muy habitual que la persona que está en medio se confunda, creyendo que las ama a las dos, porque ambas cubren necesidades diferentes. Si la persona no puede tomar decisiones acerca de quedarse con una sola pareja puede indicar su falta de habilidades para forjar un compromiso, un respeto y un vínculo maduro.

En segundo lugar, cabe decir que los seres humanos tenemos la capacidad para amar a muchas personas a la vez. De esta manera queremos a nuestros familiares y amigos, pero por supuesto de manera distinta. Querer y amar adquieren significados distintos. No tenemos problemas en afirmar que queremos a nuestra amiga María y por otra parte a nuestra amiga Teresa y sabemos que ellas no entran en conflicto, se conozcan o no, y que para nosotros no supone un problema quererlas como amigas a las dos. El problema es cuando forjo un vínculo de amor con alguien, con el cual me comprometo a serle fiel y a concederle la exclusividad para formar una pareja con lo que ello implica. Contando además, que estamos en una sociedad monógama, donde estar con una pareja implica la renuncia de otra, entonces nuestra capacidad como seres humanos para “amar” a muchas personas a la vez, adquiere otro significado. Con ello intuyo que en teoría podemos querer a muchas personas al mismo tiempo pero que en nuestra práctica psicológica y social y con las características que definen las diferentes relaciones que hacemos con las diferentes personas a las que queremos, no es posible.

Los triángulos amorosos (poliamor) son consentidos por ambas partes y se definen por tener directrices definidas en consenso. Aquí hablamos de la incógnita del “amor clandestino”, aquel que, como dice la canción “cubre necesidades distintas” y con ello la persona siente que las ama a las dos.
¿Puedo querer a dos personas a la vez? Puedes, igual que quieres a María o a Teresa pero con ellas no tienes compromiso de exclusividad. Cuando estás casado con Juan y mantienes una relación oculta con Pepe, estás satisfaciendo necesidades propias sin tener en cuenta a las dos personas y eso no es amor, propiamente dicho, porque uno de los requisitos del amor es mirar para el bien del otro y no solo para el bien de uno mismo. Llamémoslo deseo, atracción, enamoramiento…pero no amor.

¿Puedes sentir cosas distintas por diferentes personas? Sí y desde mi punto de vista profesional ese es quid de la cuestión. Pero llamemos las cosas por su nombre. “Al pan pan, y al vino vino” Amo a mi mujer y es posible que me sienta atraído por otras, pero justo esa es la definición; la atracción. A partir de ahí, dependerá del camino que yo elija seguir. Por ejemplo dejar a mi esposa y emprender una nueva relación de conocimiento mutuo con la nueva persona para establecer vínculos sanos o mantener una relación paralela en la que confundo mis sentimientos. Sea como sea, “no se puede estar en misa y repicando” y si por algo no se puede es porque en este caso, se trata de la vida afectiva y emocional, que tantas lágrimas acarrea cuando está desordenada.


Tenemos derecho a sentir, a confundirnos, a cambiar y a dudar. Por supuesto. Pero pienso que para un desarrollo afectivo sano, es necesario definir bien todo eso que sentimos y en consecuencia ponerlo en su lugar. De lo contrario, es posible que suframos mucho. No en vano, Antonio Machin, cantaba en su bolero “cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco

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