jueves, 31 de julio de 2014

"MEJOR MAL ACOMPAÑADO QUE SOLO": LA MALA GESTIÓN DE LA SOLEDAD



Joaquin me cuenta que no puede estar sin pareja. Desde bien jovencito ha enlazado una relación con otra y la idea de la soledad le aterra. Se define como un maduro romántico y comprometido pero lo cierto es que es capaz de mentir, de fingir y de hacer todo tipo de triquiñuelas y deslealtades para no perder el amor de una mujer hasta que no encuentra a otra. Aunque ello suponga sufrir, no estar a gusto y actuar con continuas contradicciones, él niega la posibilidad de encontrarse sin compañía. Esa es su apuesta, todo y que el sufrimiento va en aumento.

¿Por qué en algunas ocasiones se prefiere caer en la autosabotaje al lado de alguien al cual no se ama? Joaquin afirma que Anna, no será la mujer definitiva ¿Por qué se prefieren pagar altos precios en ansiedad y angustia ante la idea de la soledad? Joaquin no soporta el hecho de quedarse solo aunque esto implique sudoraciones continuas en plena calle ¿Qué se esconde detrás de la necesidad de compañía?

“mejor solo que mal acompañado” dice el refrán, pero en este caso la cosa cambia dando un giro mortal y sí, ciertamente hay quien elige vivir mal acompañado que solo. El caso de Joaquin no es aislado. A menudo me encuentro gente que parece que más que amor viva una condena. Condena elegida y que cuesta mucho soltar.

Sin duda, este problema radica en la manera de gestionar las emociones y la soledad. Está claro, que en el caso de Joaquin, el conflicto no viene dado con sus compañeras sino con la manera en la que él vive y siente el hecho de estar solo. Algo que le aterra profundamente y que ninguna pareja, por maravillosa que sea puede arreglar. La incapacidad para vivir de manera solitaria hace que el individuo establezca lazos de dependencia para contrarrestar algo que él mismo no “puede” sobrellevar. Es tan fuerte el miedo que cualquier opción será buena para no enfrentarse al mismo. Ahora bien; esta elección reporta mucho sufrimiento porque lo que parece una solución se torna una verdadera penitencia. El conflicto ya existente (el hecho de no poder gozar de la soledad interna y externa) se agrava cuando la solución estriba en poner a alguien al lado, como si esa persona pudiera hacer desaparecer nuestras malas gestiones con la soledad. No, nadie puede, excepto nosotros mismos que somos los únicos responsables.

Por otra parte, cabe decir que “la necesidad de compañía a cualquier precio”, está relacionada con la baja autoestima. Desaparece el autorespeto y la capacidad para apostar por lo que en verdad queremos para nuestro bienestar psicológico y emocional. Desde el miedo y la infidelidad para con nosotros mismos es más cómodo optar por algo que creemos que no nos va a reportar sufrimiento. Esto es; “si no estoy solo, me sentiré más feliz” pero la verdad es que esta creencia no deja de ser un autoengaño para evitar el verdadero problema que es “yo no me siento feliz, ni solo ni acompañado” y es que ¡claro! como cualquier miedo la evitación al mismo, nos calma aparentemente la ansiedad. Pero no olvidemos que de ese modo el miedo crece y se retroalimenta, no siendo una solución para mejorar nuestro estado emocional.


Cuando la soledad es vivida como un lastre, el ser humano es capaz de hacer cualquier gestión para suplirla. Me encuentro con gente que vive ese temor como si de la muerte se tratara. Es relevante saber que para poder vivir una relación sana con libertad es imprescindible entender que la pareja es un complemento, no una salvación. Es importante crecer en la soledad, gozar de ella y desde el interior elegir sin dependencias. Estar solo no es malo, es una oportunidad muy necesaria para apreciar lo que somos y elegir lo que realmente anhelamos. Nadie va a suplir nuestras carencias y probablemente si elegimos esta opción el sufrimiento se multiplique. Si uno decide estar en pareja que sea porque siente que ama la compañía de esa persona y no porque ama que esa persona pueda darle compañía; una pequeña gran diferencia, con la cual ponemos en juego nuestra salud emocional.

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