lunes, 11 de agosto de 2014

INTELIGENCIA EMOCIONAL; LA AMÍGDALA Y EL MANEJO DE LAS EMOCIONES


¿Qué es ser inteligente? El famoso coeficiente intelectual queda lejos para determinar  esta cuestión. Ya en 1983, Howard Gardner revolucionó el ámbito psicológico con la teoría de las inteligencias múltiples  Su modelo, que dio la vuelta al mundo, propuso siete tipos de inteligencia. De esta manera, quedó anticuada la idea inicial del CI y se pasó a dar más importancia al talento en los diferentes ámbitos que un individuo pueda poseer. Dentro de los tipos que Gardner expuso hay dos que hacen mención al terreno personal e interpersonal. Ahora bien, no fue hasta 1995, cuando otro psicólogo de los grandes, Daniel Goleman, aportó  una idea que completa el conjunto. Su best seller; Inteligencia emocional nos hace entender un nuevo modo de ser inteligente. Un modo  muy importante que sirve en el terreno personal, interpersonal y social. En definitiva; una buena manera de ser inteligente o en palabras del autor; “una manera distinta de ser inteligente”.

La amígdala; la encargada de las cuestiones emocionales

Como buena amante de la biología que soy, no puedo dejar de apasionarme delante de esta parte tan importante para nuestro cerebro. La amígdala es la responsable de nuestras emociones. Su desaparición, nos impediría el reconocimiento de los sentimientos, por lo que nuestra vida sería aburrida y sin sentido. Gracias a ella podemos comprender nuestra vida emocional. Las conexiones existentes entre la misma y el neocórtex proporcionan el equilibrio perfecto entre la razón y la emoción. Esto es; entre el pensamiento y el sentimiento, y en ese ir y venir, ambas trabajan juntas para dar sentido a nuestras decisiones vitales. Con todo ello y según su conglomerado ahora nos preguntamos; ¿las emociones pueden ser inteligentes? ¡Por supuesto! Y ahí entra el asunto que hizo famoso a Daniel Goleman. Veamos

Inteligencia emocional; cómo manejamos nuestras emociones y las de los demás.

El autor del citado best seller nos propone cinco componentes básicos para aprender a ser emocionalmente inteligentes. El primero de ellos hace referencia al AUTOCONTROL. Esto es; al conocimiento de las propias emociones. Esta es la piedra angular de la inteligencia emocional;  la capacidad para  reconocer un sentimiento en el mismo momento que ocurre. No tener esta aptitud nos deja a merced de los mismos. Las personas que reconocen mejor sus emociones, suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de sus sentimientos y de lo que desean realmente.

El segundo componente hace referencia a la GESTIÓN DE LAS EMOCIONES. La conciencia de uno mismo es una habilidad básica para manejar los sentimientos y que estos se expresen de manera adecuada. Es importante aprender a gestionar las emociones, sobre todo las negativas. Poseer esta habilidad hace que nos recuperemos mejor de los contratiempos de la vida. Al mismo tiempo, esta gestión será beneficiosa para nuestras relaciones interpersonales.

LA MOTIVACIÓN es el tercer componente que propone Goleman. La capacidad para motivarse a uno mismo y funcionar con objetivos nos aventaja. La emoción tiende a impulsar una acción. De este modo, adentrarnos a un logro representa prestar atención, manejarse y ser creativos. En palabras del autor, “si somos capaces de sumergirnos en estado de “flujo” estaremos capacitados para lograr resultados sobresalientes en cualquier área de nuestra vida”

LA EMPATÍA se sitúa en el cuarto lugar. El reconocimiento de las emociones ajenas es la base del altruismo y es una habilidad muy relevante para la vida de las emociones. Las personas empáticas sintonizan con lo que el otro necesita y/o desea. Pero es la conciencia de uno mismo donde se desarrolla la empatía. Pues cuanto más abiertos estemos a nuestras propias emociones, mayor será la destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás. Esta capacidad para entender al otro, nos ayuda en muchos aspectos de nuestra vida.

EL CONTROL DE LAS RELACIONES es el quinto y último elemento. La percepción social, es decir el arte de establecer buenas relaciones con los demás es también relevante para la inteligencia emocional. Saber identificar cuáles son las claves necesarias para interactuar  con los otros y que se sientan bien, es una habilidad que implica el manejo de las emociones ajenas.

Sin duda, ser inteligente no corresponde a tener un CI alto. Conocerse y saber interactuar con el mundo es una habilidad que también nos hace ser inteligentes. Carecer de esta capacidad puede traer efectos dañinos para nuestra salud física y psicológica y contrariamente; ponerla en práctica, puede traernos numerosas ventajas en muchos aspectos de nuestro día a día.   

Bibliografía

Por  qué somos como somos. Eduard Punset, Biblioteca Redes. Aguilar. 2008. Madrid.


Inteligencia Emocional. Daniel Goleman. Kairós. 2004



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