domingo, 9 de noviembre de 2014

LOS HOMBRES TAMBIÉN SE EMBARAZAN; EL SÍNDROME COUVADE.




Las mujeres estamos sometidas a multitud de cambios hormonales durante toda la vida y en momentos puntuales de la misma. El estrógeno, la progesterona, la oxcitocina, la prolactina...se segregan en mayor o menor medida dependiendo del momento vital de la fémina. Es por ello, que nuestra fama viene dada por esas variaciones hormonales que tanto afectan a nuestra conducta y a nuestra manera de vivir. Las hormonas, tienen tanto poder en nuestro cerebro que son capaces de determinar comportamientos sociales, afectivos, sexuales, alimenticios...en definitiva; modifican nuestro ir y venir cerebral. Ahora bien; ¿qué pasa con ellos? ¿por qué no se habla tanto de los cambios que producen en los varones? Aparentemente parece que los caballeros no se nutran de este regalo tan preciado y sí, los hombres también son “víctimas” del dictamen biológico. Mucho más de lo que creemos y en momentos clave, siempre con el fin de conservar el maravilloso proceso de nuestra evolución y supervivencia.

En el útero materno, empezamos todos siendo hembras. No es hasta la octava semana, cuando se determina el sexo del individuo. En el caso de ser macho, el gen alojado en el cromosoma Y, ejecutará la hormona testosterona para personalizar un cerebro masculino. Más tarde, entre los nueve y los quince años de edad, el niño sufrirá un aumento del doscientos cincuenta por ciento de dicha hormona. Este ascenso afectará al deseo sexual, a la agresividad, al sentimiento de territorialidad y jerarquía, etc..de esta manera, en la adolescencia, el chico es receptor de multitud de trueques hormonales que con el tiempo se estabilizarán y en algún momento se transformarán en otras, dirigidas a ocuparse de otras cuestiones vitales.

Hay un momento de canje hormonal , en la vida del adulto hombre, que me llama especialmente la atención y este es el de la respuesta de los futuros padres ante la química del embarazo de sus parejas. Estudios científicos, provinentes de la Universidad de Harvard, aseguraron que los niveles de testosterona en el macho, bajan cuando sus mujeres están en cinta, mientras que suben los de la prolactina; la hormona encargada de la conducta protectora. Curiosamente este fenómeno viene dado por el sudor y la piel de las embarazadas al emanar unas sustancias químicas, que llegan por el aire, hasta las fosas nasales de sus maridos. Sorprendentemente, este cambio hormonal, documentado por los antropólogos, ha dado lugar al llamado síndrome de Couvade, o embarazo empático.

El mencionado síndrome se da en algunos hombres, y hace que el varón experimente algunos de los síntomas que vive su amada. De este modo, es probable que el varón aumente de peso, que sienta pinchazos y que incluso lleguen a vomitar sin causa aparente. Pero por si fuera poco, esto no es todo y las hormonas siguen cambiando ante el nacimiento del bebé. Los estudios corroboran que, cuando el padre ve al recién nacido, se activan los mismos circuitos cerebrales del enamoramiento, segregando dopamina y oxcitocina y que se mantendrán hasta la adolescencia del niño.

Hormonas; discretas, sigilosas y poderosas en hombres y mujeres. Ellas son las reinas de gran parte de nuestra biología. Hacen permutar comportamientos, hacen que se mantengan las diferentes etapas vitales, hacen que estemos vivos y que respondamos ante el llamado de la naturaleza. Una vez más, me quedo sin palabras y me maravillo ante la complejidad y perfección de nuestra condición natural. Mujeres, y también hombres.

Bibliografía

El cerebro femenino. Louann Brizendine. RBA, 2006, Barcelona

El cerebro masculino. Louann Brizendine. RBA, 2010, Barcelona.

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