lunes, 16 de febrero de 2015

¿QUÉ ES EXACTAMENTE EL ESTRÉS?


Corremos para llegar a cubrir todos nuestros quehaceres, nos aceleramos para hacer de lo importante lo urgente, trotamos para cumplir todas nuestras obligaciones, nos aceleramos continuamente para cumplir propósitos... En definitiva; nos volvemos multitarea. Y es que ¿Qué frase es más común en nuestros días que la de "estoy estresad@"? Ahora bien; ¿qué sabemos exactamente sobre el estrés? ¿Se define como el exceso de trabajo y la sobrecarga de obligaciones o es más bien una respuesta adaptativa? Hablemos del mismo, viendo si éste es siempre malo y qué lo activa.

Ciertamente, la palabra estrés, la asociamos con el agobio, las prisas y la ansiedad y no está del todo mal ideado pero también es cierto que en su definición hay pequeños matices diferenciadores que deben conocerse para hablar de él con propiedad. La primera, es que el estrés no significa prisa y exceso de trabajo (si bien la presión que uno se impone, puede desencadenarlo) sino que implica una cuestión de supervivencia, no siempre bien entendida.

Cabe decir que sin estrés no hubiéramos sobrevivido, pero supone un arma de doble filo ya que es tan necesario para nuestra vida, como peligroso sino lo controlamos bien. Como definición, dada por el colegio oficial de psicólogos es; “el proceso que se pone en marcha cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante o desbordante de sus recursos" Este proceso, lo pone en marcha el motor que nos hace funcionar ya que una de las principales funciones del cerebro es la de detectar amenazas para preservar nuestra supervivencia. Estas amenazas pueden ser de diversa índole; una amenaza para nuestro tiempo cuando creemos que éste se nos escapa, una amenaza para nuestra vida cuando estamos en situación de peligro, una amenaza para nuestros pensamientos cuando éstos se vuelven rígidos y los vivimos con temor... es entonces cuando segregamos hormonas del estrés, para aportarnos la energía necesaria ( correr para llegar puntual al trabajo, huir si estamos delante de un tigre, o evitar una situación que percibimos como temerosa) Esto es; el cerebro se encarga de ponernos en alerta para avisarnos y protegernos.

Por supuesto que no a todas las personas, les producen estrés las mismas cosas, pero sí hay cuatro motivos distintos que son necesarios para que se produzca una situación estresante. No tienen por qué darse todas, pero sí que alguna de ellas, son las que encienden el motor. Estas son, según Sonia Lupien, neurocientífica canadiense y con más de veinte años de investigación; "la novedad, la impredecibilidad, la sensación de descontrol y/o una amenaza para la personalidad" Cualquiera de estos cuatro motivos puede ser un detonante potente. No nos olvidemos sin embargo que que desde el punto de vista psicológico también hay que tener en cuenta; la forma de enfrentarse al suceso, la manera de resolver las dificultades, las características personales y el apoyo social.

A todo ello nos preguntamos; ¿el estrés es siempre malo? No, no siempre es malo, más bien muy necesario, y a veces puede representar una oportunidad, para potenciar nuevas metas, Cabe decir por eso que cuando el estrés se vuelve crónico, perjudica nuestra salud. Tanto es así que está demostrado que un poquito de estrés (lo que sería un estrés agudo) aumenta la memoria, sin embargo, un estrés crónico hace que disminuya.

En resumen; estamos ante una respuesta adaptativa con la función de proteger nuestra supervivencia, pero al mismo tiempo el estrés puede tornarse peligroso si se vuelve crónico. La resolución de problemas o la toma de decisiones, pueden ser buenas estrategias para afrontarse el mismo. Tome su tiempo, planee metas alcanzables, practique la relajación diafragmática, rodease de buenos amigos, evite el consumo de tóxicos y estimulantes y dese permiso para errar. No hay fórmulas pero sí, que estos hábitos ayudan.




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