domingo, 5 de julio de 2015

“MAMÁ, VOY A SER MAMÁ”: EL PAPEL ACTUAL DE LOS ABUELOS EN EL CUIDADO DE LOS NIETOS


Naces, creces, reproduces y cuando toca descansar y vivir la jubilación en paz, te vuelves el canguro imprescindible para tus nietos. Así es para mucha gente mayor, la cual toma el papel de cuidador principal para sus nietos, mientras los hijos trabajan incansables para llegar a fin de mes. Pocos recursos económicos, la dificultad de conciliar la vida laboral y familiar y la imposibilidad de disponer de otros medios, hacen que la mitad de abuelos en España, y el 70% en épocas vacacionales, cuiden de los hijos de los hijos, sin condición, según datos actuales. Toda una hazaña y todo un cambio social. Como todo, esto trae consecuencias buenas, malas, distintas... ¿uso o abuso? ¿Cómo influye esta “responsabilidad” a los propios abuelos y a los mismos hijos? Sin duda estamos ante un fenómeno social y psicológico con influencia directa para todos. “Mamá, voy a ser mamá...”

En primer lugar, me gustaría destacar la importancia que tienen los abuelos para los nietos, desde el punto de vista psicológico y social. La relación entre ambos aporta ventajas psicológicas muy relevantes. Podemos decir que en esta interacción se da una transmisión de valores, una difusión de gustos y actitudes por ciertas cosas, el mantenimiento de vínculos, el aprendizaje mutuo, el refuerzo de la autoestima por ambas partes, la identificación de comportamientos distintos de los que otorgan los propios padres y el mantenimiento de la continuidad en la historia de vida. Visto así, queda claro que la relación entre abuelo y nieto forma un tándem sobresaliente y muy beneficioso. Ahora bien, cuando este nexo tan productivo se vuelve exigente y casi “obligado”, las ventajas cambian de término. Cuando el peso de cuidador principal recae en ellos, estos mismos pueden llegar a sentirse angustiados, agobiados, con dificultad para poner límites, con excesiva responsabilidad hacia una educación que no les pertenece y con la ansiedad de lidiar estas “responsabilidades” delegadas ante los propios hijos.

Principalmente, es la crisis económica la encargada de crear esta dependencia con los adultos de la tercera edad, y la mayoría de parejas afirma no ver otra solución pero en otros casos el uso por necesidad, pasa a ser abuso para algunos. ¿Dónde está el límite? Entre psicogeriatras ya se habla del síndrome del abuelo esclavo, que es aquel que emite síntomas de estrés y ansiedad frente a una obligación impuesta y que no se atreven a reprochar por miedo a dañar las relaciones familiares. Hablamos aquí de abuelos cansados, que se ven frente el reto de asumir la responsabilidad de cuidadores principales, con lo que ello implica.

Frente a estas situaciones es importante mantener la comunicación activa entre abuelos e hijos. Pautar tiempos, establecer límites, delimitar las funciones, ejercer el derecho a preservar las propias necesidades, respeto mutuo y expresar los derechos necesarios. Es relevante remarcar que el rol de un abuelo es dar apoyo, no educar. Eso es una función que pertenece a los padres y que ha de quedar clara desde el principio, antes de establecer pactos. Tal y como he comentado antes, el gran papel psicológico de los abuelos ante los nietos es el de transmitir el valor de la trascendencia, los valores, la experiencia, el afecto y la comprensión.

Un abuelo no es un padre. Es un un referente familiar, un cómplice a veces, es un guía otras, es la voz a parte pero muy dentro. En definitiva; es esa figura que siempre queda, por los siglos de los siglos. “Mi abuelo siempre decía...” y lo que él decía probablemente ya lo he interiorizado para siempre y pasaré a transferirlo a mis hijos o nietos. A nivel familiar, social y psicológico los abuelos engendran un papel único y maravilloso. Hay que saber marcar los límites, escuchar sus necesidades (que también las tienen) y apoyar su vejez tal y como sientan que han de vivirla.

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