domingo, 11 de octubre de 2015

¿TENDRÁ PELIGRO PSICOSOCIAL TENER SEXO CON UN ROBOT?



Hace ya algún tiempo escribí sobre la inteligencia artificial y sobre la la posibilidad de sustituir las emociones humanas por otras programadas, fabricadas y simuladas. Hoy quiero dar un paso más y profundizar en la ya no tanto posibilidad, sino en una realidad que se anuncia para los próximos años. Esta es la del tener sexo con robots y las consecuencias que esto puede conllevar para el ser humano y su sociedad. La robofilia está empezando a ser noticia. La tecnología avanza sin tapujos, con curiosidad y a cualquier precio. Detrás de la insaciabilidad del ser humano por crear, hay dudas y también riesgos. ¿estamos en el camino de la deshumanización?


Leo noticias y artículos recientes en los que se postula que de aquí a cincuenta años, las relaciones físicas serán primitivas Las tecnologías robóticas tomarán las riendas y la industria sexual abogará por exitosas formas de interacción. Según esto entiendo que se pretende que un robot adquiera las funciones propias de un humano para satisfacer sus deseos, sea cual sea la condición, dentro del placer que otorga el sexo. Sin ir más lejos, ya hoy Roxxxy es el robot sexual más perfeccionado que existe en el mundo. Con su 1'74 m y sus 53kg escucha, cumple ordenes, habla , “siente” cuando la tocan y satisface los gustos de su consumidor. Todo un perfeccionado juguete para quienes quieren gozar de la sustituta, y ya antigua, muñeca hinchable. Pero esto es solo el comienzo, se prevé que en menos de dos décadas los amantes robóticos sean compañeros perfectos. No es raro que se quiera llegar a este anhelo cuando puedes perfeccionarlos a tu antojo y hacerlos callar cuando te plazca...Ahora bien, quitando la exigencia de no tener que ceder ante los defectos humanos y apostando por la culminación deshumanizada, ¿qué consecuencias nos traerá esto?

Sin duda todo esto conllevará cambios en las relaciones humanas. Evidentemente las emociones, sensaciones e interacciones psicológicas dadas en el sexo son insustituibles por una máquina. Esto es fácil de comprender y no tiene más misterio. El problema radica en el modo en que las personas van a permutar a la hora de vincularse. Me explico; un robot, es un robot y desde mi visión profesional, no va a ser un sustituto real de una persona que siente y padece como mortal pero en cuanto a cambio social y psicológico dentro de las relaciones con los otros, sí que puede implicar una reforma, alterando de este modo la parte más humana y vincular de las personas.

En el momento presente donde la individualidad reclama su espacio, la llegada de objetos que fingen tener vida, puede acarrear consecuencias que lleven al aislamiento, a las relaciones “hechas a medida”, a las exigencias desmesuradas con los sí humanos y a las soluciones prácticas sin tener en cuenta lo que ello implica. Personalmente a mi me asusta que la tecnológica robótica esté alcanzando dimensiones tan atrevidas. Si la historia se quedara en un mero juguete sexual, la cuestión no tendría más trascendencia. El peligro radica en que dicho artilugio pretende ser lo más parecido a cualquier sujeto de la tierra y esto puede que no solo se reduzca a la relación sexual.


Estemos en alerta si una persona con dificultad para relacionarse escucha de su robot que lo ama o que va a sucumbir a todos sus deseos. De la misma manera que la interacción con objetos de ficción pueden conllevar adicción, la relación con posibles autómatas puede generar cambios en el comportamiento de las personas y puede llegar a instaurarse una relación ficticia y peligrosa a nivel psicológico y social.


Todo y que la versión masculina de Roxxxy no está aún a la venta pero sí ideada, los robots humanoides actuales están pensados para satisfacer al público más varonil y como siempre, todo tiene sus simpatizantes y sus detractores. Mientras algunos están encantados con la idea de que exista un androide en su cama, otros no solo lo critican sino que se movilizan para que esto se prohíba. Este es el caso de la Dra Kathleen Richardson, especialista en ética robótica, quien afirma que este avance es muy perjudicial, sobretodo para las mujeres, ya que se refuerzan los estereotipos masculinos tradicionales. Ella misma, ha iniciado una campaña en el Reino Unido para prohibir la venta de robots sexuales debido a las implicaciones sociales que esto puede acarrear. Sus afirmaciones en la BBC han dejado clara su postura; “creemos que la creación de este tipo de robots contribuirá a relaciones perjudiciales entre hombres y mujeres, adultos y niños”

Aunque la idea de estos avances no pretenda ser un sustituto relacional, el riesgo está en la mesa. Las tecnologías no solo cambian el modo de vida, también llevan implícitos cambios en el modo de comportarse. Somos un compendio bio-psico- social. Esto es; biología, psicología y cultura. No es posible uno sin el otro y en la travesía de la vida jugar a la exclusión de los mismos me parce, como mínimo, desadaptativo. Desde mi punto de vista, no se puede analizar esto de manera aislada. Si realmente dentro de cincuenta años, lo habitual será acostarnos con la versión “perfecta” de un humano (ya que per se, nosotros no lo somos) el modo de relacionarnos entre nosotros habrá cambiado con todo lo que ello implica, que no es poco. Veremos de que manera el mundo robótico nos hace más “fácil” la vida...

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