martes, 27 de diciembre de 2016

¿POR QUÉ HACEMOS PROPÓSITOS PARA AÑO NUEVO?



En esta época del año es  muy común hacer una larga lista de propósitos para el nuevo año; dejar de fumar, ir al gimnasio, estudiar cada día, aprender un idioma…y de esta manera nos ilusionamos, imaginando que todo eso sucederá a partir del día 1 del mes de Enero. Este tipo de anhelos, siempre me han resultado muy curiosos desde el punto de vista psicológico. Me pregunto; ¿Es una buena manera de aplazar algo incómodo con la ilusión de calmar nuestra ansiedad ante lo creemos que “debemos” hacer para con nosotros mismos?  ¿Ante la llegada de un nuevo año, necesitamos  sacar ese peso psicológico que nos persigue día tras día cuando nos proponemos hacer algo y no lo hacemos? ¿Por qué el ser humano suele  escoger  un único punto del tiempo para cambiar algo de su vida? Un tema interesante  a mi entender, que trataré de abordar desde el rincón de la reflexión.



 En primer lugar, me gustaría situar esos deseos desde el deseo mismo de cambio. ¿Realmente alguien quiere dejar de fumar o acudir regularmente al gimnasio? Si es así ¿Por qué no lo hace el 20 de Octubre o el 3 de Marzo? Esto es; cuando esas promesas con uno mismo implican un verdadero anhelo de convertirse en realidad suceden el día 8, 10 o 12 de cualquier mes pero para el ser humano resulta algo más pesado detenerse a aceptar una realidad costosa que implica esfuerzo, voluntad y constancia. De esta manera, la incomodidad que podemos llegar a sentir ante algo que queremos cambiar, queda protegida y un tanto aliviada si la aplazamos. Nos libra de responsabilidad a la vez que calma la  frustración ante algo que no acabamos de cumplir.


Como vemos, aquí se juntan varios factores como la responsabilidad, la culpa, el alivio, la constancia…lo que por no detenernos en cada uno de ellos, lo englobaremos en actitud, predisposición al cambio y resolución de problemas. Algunos psicólogos coinciden en señalar que este fenómeno se da porque al final del año es un buen momento para reflexionar en lo bueno y lo malo que ha sido el año y las cosas que queremos modificar para el siguiente. Psicológicamente el inicio del año presupone un momento limpio, nuevo, para poner nuevas esperanzas y motivaciones. Es como un “borrón y cuenta nueva” que nos da ilusión y nos genera nuevas expectativas.

¿Significa ello que el ritual de nuevos propósitos sea absurdo? No, no lo es pero de alguna manera no resulta tan sencillo. Varias investigaciones han indagado en este fenómeno y los resultados han concluido que el error está en el plan de estrategia y en el modo en el que nos proponemos la resolución de ciertas metas. Un estudio realizado por Mukhopadhyay y Johar (2005) apuntó que la predisposición al cambio ante los propósitos de año nuevo estaría relacionado con el nivel de auto-eficacia personal. De esta manera, quienes creen que el auto control es algo dinámico y modificable (“aunque me guste el chocolate, soy capaz de no comerlo durante un tiempo”) tienden a establecer más acuerdos y con mayores probabilidades de éxito mientras quienes quedan sujetos a un autocontrol limitado (“me gusta demasiado el chocolate, nunca podré dejar de comerlo”) obtienen pocas probabilidades de cambio. En otras palabras; si la persona cree que su autocontrol es un recurso fijo, solo establecerán objetivos basados en la fantasía.

Otra idea importante que han señalado varios autores es la manera de saber abordar el cambio. Podemos proponernos dejar de fumar pero ¿sabemos cómo? Resulta esencial tener las herramientas psicológicas para enfrentarnos a modificar algo. No basta con desearlo y de ahí el fracaso de muchos intentos en los que se anhela hacer algo sin caer en la cuenta de lo que necesitamos para cambiarlo.

Según Miler y Marlatt (1998) el fracaso llega cuando las resoluciones llegan en el último minuto o último mes (Diciembre) sin disponer de las estrategias adecuadas (compromiso, estrategias y seguimiento del progreso). Desde mi punto de vista y como cualquier plan de acción, la resolución vendría dada por el ¿qué quiero cambiar? ¿Qué implicará ese cambio? ¿Cómo puedo hacerlo? ¿De qué herramientas dispongo? Lo que me pregunto si  los nuevos propósitos del año venidero son un  proceso que se interioriza o si se trata más bien de un espejismo.

¿Es eficaz entonces llenar una gran lista de cambios para el inicio de Enero? Lo es, siempre y cuando haya primero una implicación y compromiso con uno mismo ante aquello que se desea cambiar y en segundo lugar cuando se tengan las estrategias adecuadas. No digo que no pueda ser un buen momento de cambio pero  siempre y cuando, esto no forme parte del autoengaño.

Como psicóloga mi última pregunta radica en algo más profundo, más interno; ¿Realmente queremos cambiar ese algo? ¿Se desea de verdad? “quiero dejar de fumar” ¿lo quieres realmente? ¡¡Cuantas veces hacemos lo contrario a lo que deseamos!! Esto es; reparar en si lo deseamos realmente o simplemente hay una disonancia cognitiva que choca y deseamos aliviar, pienso que es muy importante. Sea como sea, le invito a reflexionar en lo que realmente  quiere modificar, si es que hay que modificar algo pero desde lo hondo, desde lo que de verdad se anhela, hablando directamente con uno mismo aunque a veces cueste. Con propósitos o sin ellos, deseo un feliz año para todos y atienda “no deje para mañana lo que pueda hacer hoy”

Bibliografía

¿Cómo mantenerse al día con sus resoluciones de Año Nuevo? Miller, Et y Marlatt, G.A (1998)

Auld lang Syne; Success predictors, change processes and self-reported outcomes of New Year’s resolvers and nonresolvers. Norcross, JC Mrykalo (2002) Journal of Clinical Psychology, 58 (4)

No hay comentarios:

Publicar un comentario