domingo, 2 de abril de 2017

DEL “FOMO” AL “JOMO”: EL PLACER DE PERDERSE ALGO



Es viernes por la tarde. María ha llegado pronto del trabajo. Llega a su casa, se pone cómoda y toma un café mientras piensa qué tipo de planta pondrá en aquella maceta vacía. Se sienta un rato en el sofá mientras su celular no para de emitir notificaciones varias. María no atiende, solo quiere dedicar su tiempo a aquello tan pequeño y placentero, lejos del caótico mundo que entra en su aparato móvil.

¿Cuánto vale el tiempo? No solo no tiene precio sino que además lo empleamos mal cuando de nuestro ocio se trata. Desde que la tecnología nos ofreció el contacto (des) conectado, hemos perdido la noción del disfrute real. Pegados a nuestro móvil, como si de nuestra vida se tratará, dedicamos gran cantidad de horas a navegar por las distintas redes sociales a no querer perdernos ningún evento, a relacionarnos virtualmente… En definitiva; a sentir  la inquietud por querer estar en todas partes. Todo ello, nos ha vuelto ansiosos  e insatisfechos.