domingo, 2 de abril de 2017

DEL “FOMO” AL “JOMO”: EL PLACER DE PERDERSE ALGO



Es viernes por la tarde. María ha llegado pronto del trabajo. Llega a su casa, se pone cómoda y toma un café mientras piensa qué tipo de planta pondrá en aquella maceta vacía. Se sienta un rato en el sofá mientras su celular no para de emitir notificaciones varias. María no atiende, solo quiere dedicar su tiempo a aquello tan pequeño y placentero, lejos del caótico mundo que entra en su aparato móvil.

¿Cuánto vale el tiempo? No solo no tiene precio sino que además lo empleamos mal cuando de nuestro ocio se trata. Desde que la tecnología nos ofreció el contacto (des) conectado, hemos perdido la noción del disfrute real. Pegados a nuestro móvil, como si de nuestra vida se tratará, dedicamos gran cantidad de horas a navegar por las distintas redes sociales a no querer perdernos ningún evento, a relacionarnos virtualmente… En definitiva; a sentir  la inquietud por querer estar en todas partes. Todo ello, nos ha vuelto ansiosos  e insatisfechos.


Hace ya casi cuatro  años, escribí en este mismo blog, qué era el síndrome  FOMO (fear of missing out) Expliqué en qué consistía y qué consecuencias psicológicas conllevaba. Hoy, nuevas tendencias se imponen, al tiempo que se alejan de la dependencia a las tan habladas redes sociales y al uso de internet. Nace el JOMO (joy of missing out), una alternativa que apuesta por el disfrute y la conciencia plena lejos del mundo exterior.

Este nuevo concepto tiene su base en la desconexión y trata de desafiar al mundo “on line”. Propone potenciar el goce en la vida y en las pequeñas cosas que la rodean, sin tener que hacer uso del mundo virtual. Disfrutar de un paseo sin estar pendiente del teléfono móvil, quedarse en casa y perderse los nuevos eventos anunciados por Facebook o reservar momentos personales sin tener que consultar internet, son algunos ejemplos que caracterizan al JOMO.

Cada vez, son más los estudios psicológicos que corroboran que estar pendientes de la “pantalla” y de las redes sociales aumenta el estrés y la ansiedad del individuo. Saber parar y conectar con nosotros mismos es sinónimo de calma y salud mental y perderse otras cosas que suceden fuera de nuestro “aquí y ahora” puede ser un verdadero placer.
Poco a poco vamos aprendiendo… Tras el aluvión de apps, redes sociales y webs que consultamos cada día hay algo que necesita ser cuidado y escuchado y eso es el nosotros mismos versus el mundo en sí mismo. Dedicar tiempo a otros menesteres, lejos del mundo tecnológico es tan necesario como saludable. Como profesional de la salud mental no sé si JOMO o menos FOMO pero sí que intuyo que lo auténtico es el equilibrio y en él está la apuesta por el espacio personal. 

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