domingo, 2 de julio de 2017

¡ESTE ES MI SITIO! ¿COSTUMBRE O ROL?



La familia García se sienta a comer. El padre se coloca a la izquierda de su mujer. Al lado del mismo su primogénito y seguidamente su segundo hijo. Este es el orden silencioso y sutil  que siguen cada vez  que llega la hora de la ingesta. Un ritual implícito y en apariencia nada relevante hasta que un día uno de los cuatro cambia de lugar. ¡Este es mi sitio! – se oye-, y parece que algo se altera en el espacio familiar. Pero los García no es que sean raros…en la mesa  a la hora de comer, en la cama a la hora de compartir espacio, en la universidad, en el trabajo…casi todos tenemos la extraña costumbre   de  acomodarnos  siempre en el mismo lugar. ¿Hábito adquirido o rol determinante?


Me fascina  la conciencia que le ponemos a situaciones tan inconscientes. En este caso, todos tenemos nuestro lugar asignado en esos lugares que solemos frecuentar. Somos animales de costumbres, creamos hábitos que nos ayudan a mantener nuestro equilibrio interno y actuamos bajo roles que dicen mucho de nosotros. Pero ¿por qué  nos alteramos cuando alguien conocido o ajeno rompe ese espacio físico que hemos hecho nuestro?

Varias son las respuestas pero una de las más relevantes estriba precisamente en la de la seguridad. Nos  da confianza y comodidad operar desde el lugar en el que nos identificamos. Y nos identificamos con más cosas de las que creemos, aun y siendo inconscientes. Nos da ventaja por ejemplo que en una reunión de trabajo nos sentemos en el lugar que lo hacemos siempre y nos la da porque implica que actuamos desde nuestra zona de confort. Es decir desde el lugar que conocemos, que nos sentimos cómodos y que de alguna manera dominamos.

Por otra parte, también hablamos de una cuestión de roles. No es extraño que un padre de familia presida una mesa o que a un invitado se le añada una silla cualquiera. No es raro que un jefe presida desde lo alto de una tarima y es de lo más normal que en una boda los novios tengan la posición distinguida y central.

El espacio físico en el que nos movemos tiene gran importancia a la hora de actuar. De la misma manera que los seremos humanos tenemos distancias (íntima, pública y social) para relacionarnos, sea en el ámbito que sea, también tenemos lugares y romperlo nos genera cierta incomodidad.

Un ejemplo curioso y que siempre me da que pensar es que nos acostamos al lado de nuestra pareja siempre en el mismo sitio y cuando nos acondicionamos en otra cama, fijamos el espacio en el que dormirá cada uno. ¿tontería o relevancia? Simplemente determinismo; yo aquí me siento más cómodo, más seguro y mejor. Sin duda nuestro Yo expresa, deja en el ambiente algo patente y es algo tan sencillo como que el caos no nos ayuda en nuestra vida cotidiana y al igual que la rutina que nos ayuda a funcionar, el orden en cosas tan pequeñas nos da libertad.

Todos tenemos un lugar asignado, un rol generado en casa, en el trabajo y fuera de él. Costumbres, roles, comodidad y seguridad. Sutilmente estamos preservando la seguridad de nuestra supervivencia psicológica. Y esto no tiene edades. Un niño de cuatro años se enfada porque su hermano le “ha quitado su sitio” y un anciano de noventa se incomoda si su nieto también lo hace. ¡Que diferentes y que iguales somos los humanos! Una condición, a mi modo de entender más que fascinante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario