¿CÓMO SE MIDE EL DOLOR?

By Núria Costa - abril 25, 2018





El dolor es un tema muy complejo. Lo sentimos en nuestro cuerpo y en nuestra mente de maneras muy diversas. Mientras unos relatan no poder soportar cierto dolor determinado y lo asocian a la angustia y a la desesperación, otros lo soportan mejor (no por ello implica que sufran menos). Partiendo de la base de que se vive como algo puramente subjetivo y por lo cual no admite comparaciones (difíciles de evaluar) vamos a ver qué es el dolor, cómo se evalúa psicológicamente y qué conductas produce.




El dolor es definido según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, 1979) como “una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión hística presente o potencial o descrito en términos de la misma” En esta definición y tal y como destaca Penzo  ( 1989) dicho término se define como una “experiencia”, por lo tanto es psicológica, “sensorial y emocional”, lo cual también indica que tiene componentes afectivos, subjetivos,  motivacionales, cognitivos y sociales (Donker, 1991).

Cabe decir, que desde principios de la medicina científica, el dolor por no ser susceptible de observación y cuantificación, quedó en un segundo plano (Valdés, 2000) pero psicólogos como Wilbert Fordyce y Richard Sternbach, fueron los primeros en dar importancia a la evaluación y tratamiento del dolor psicológico, tras participar en la primera clínica que fundó John Bonica (1996)  y la cual integraba aspectos médicos y psicológicos (Barber, 2000). Las contribuciones de estos autores, todavía hoy siguen siendo influyentes en las dimensiones actuales del dolor psicológico.

Elaborar un catálogo de todos los males que existen es prácticamente imposible pero todo y siendo conscientes de ello y citando a Penzo (1989) “cualquiera que sea el ámbito en el que se estudie, el dolor no se muestra jamás como algo unitario y homogéneo” y de ahí su complejidad. En el tema que ahora nos ocupa, vamos a centrarnos en la evaluación psicológica del dolor, así como  en sus conductas.

Según postula Vallejo, 1983, la evaluación del dolor no termina con la recogida de datos, sino que tendrá una evaluación continuada. En esta evaluación se tiene como objetivo  obtener información acerca de tres dimensiones; sensorial-discriminativa, motivacional-afectiva y cognitivo- evaluativa. Esta evaluación ha de realizarse desde un punto de vista psicofisiológico y será necesario tanto delimitar la intensidad, frecuencia, duración y localización del dolor, como los aspectos directamente implicados (comportamiento del paciente y conductas de dolor entre otras)

Conductas del dolor

“Las conductas del dolor” son el conjunto de comportamientos que muestra un paciente ante la presencia del mismo. A grandes rasgos y siguiendo la clasificación de  Fordyce (1976) tenemos;

  • Comportamientos no verbales como suspiros, gritos y gemidos, así como la adopción de posturas compensatorias
  • Comunicación verbal. Esto es; descripción de síntomas, intensidad y localización
  • Petición de ayuda; buscar fármacos, atención médica o recursos de alivio
  • Limitación funcional; reposo e interrupción de actividad

En cuanto a las reacciones cognitivas, sufrimos los síntomas en función del contexto personal y social en que se produce. Craig, 1986, afirma que las personas interpretamos el dolor de acuerdo con nuestras experiencia previas o  con las expectativas de personas próximas a nosotros. Es frecuente, encontrar pensamientos irracionales o explicación al propio dolor con pensamientos tales como “no podré soportarlo… o esto esta empeorando”  Esto puede aumentar o disminuir el grado de dolor. La percepción del control que se tiene sobre el dolor o las estrategias de afrontamiento, también serán variables relevantes.

El estado emocional por otra parte, tiene un papel fundamental junto con la intensidad del dolor. A éste suele asociarse trastornos de ansiedad y depresión. En dolores crónicos puede aparecer la indefensión o el no control, lo que lleva a estados depresivos en algunos casos. El manejo de habilidades sociales en cuanto que al principio se tiene mucho apoyo del entorno y luego disminuye serán también uno de los aspectos a tener en cuenta para el estado anímico del paciente.

Como vemos, el proceso en el que cursa el dolor, así como todos los factores implicados, son de difícil definición. La complejidad del tema radica en la cantidad de estímulos que percibe el paciente tanto a nivel físico, como a nivel psicológico. El tratamiento del dolor, debe abordar-se desde una perspectiva bio-psico-social ya que no se puede abordar de manera aislada. Por último decir; que el foco de atención ( si nos centramos únicamente en lo que duele) hace que el dolor aumente. En casos de dolor gave y continuado, sobretodo en algunas enfermedades, es necesaria la intervención psicológica de un profesional.


Núria Costa
Psicóloga. 

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Bibliografía  

El psicólogo en el ámbito hospitalario. E. Remor., P.Arranz., S.Ulla (eds) 2003, Desclée de Brouwer, Bilbao

El dolor crónico. Aspectos psicológicos. W. Penzo (1989) M. Roca, Barcelona.

Tratamiento del dolor mediante hipnosis y sugestión. Una guía clínica, J.Barber (2000) DDB, Bilbao

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